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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1856

—Señor Casas, gracias por salvarnos —dijo alguien de la multitud.

Si no fuera por Jaime, sus habilidades habrían sido absorbidas por los enemigos.

—¡Gracias, Señor Casas!

—Gracias…

Mucha gente empezó a expresar su gratitud.

Jaime asintió un poco.

—Jaime, tus poderes son mucho mayores de lo que había imaginado —comentó Jesica con el asombro dibujado en el rostro.

—Ni siquiera conozco el alcance de mis poderes —Jaime esbozó una sutil sonrisa.

Desde hacía un año, Jaime sentía que su vida avanzaba como si alguien lo hubiera planeado todo para él.

«Tal vez este sea el camino que mi padre me ha allanado. Ahora que he pisado este camino, seguiré andando por muy difícil que se ponga».

—Bueno, ya has arreglado tus asuntos. ¿Ya tienes tiempo para venir conmigo a la Secta Demoniaca? —preguntó Jesica.

—Todavía no he rescatado a mi novia. Tengo que hacer eso primero.

Incapaz de esperar más, Jaime fue hacia la base de la Alianza de Guerreros.

Jesica negó con la cabeza, pero lo siguió.

Cuando Jaime llegó a la base de la Alianza de Guerreros, ya estaban siendo atacados por los hombres de Giovanni. Sin embargo, no pudieron entrar, pues la mazmorra estaba protegida por un conjunto arcano.

Al llegar ante la colina artificial, Jaime posó con suavidad la palma de la mano sobre ella. Los amuletos flotaron en el aire, liberando una tenue luz.

Era la matriz arcana que protegía la mazmorra. En cuanto apareció la matriz arcana, Jaime escaneó los amuletos y descubrió el núcleo.

Con la Espada Matadragones en la mano, Jaime la hizo caer sobre el núcleo y lo destruyó. De ese modo, la matriz arcana desapareció.

Jaime empujó la puerta de la mazmorra y se abrió. De inmediato, Jaime entró corriendo.

Isabel y los demás entraron también. Hacía mucho tiempo que no veían a Josefina.

Nada más entrar en la mazmorra, vieron que Josefina seguía encerrada en una celda, en un rincón. Esta vez, sin embargo, estaba cubierta de heridas.

Con eso, un débil resplandor apareció en la palma de su mano, y la presionó con suavidad contra la puerta.

La celda resplandeció y unos amuletos brillantes rodearon toda la zona.

Era la matriz arcana que controlaba toda la celda. Por suerte, Jaime podía encontrar su núcleo mientras la matriz arcana estuviera visible.

Con cuidado, escaneó las complejas runas y encontró el núcleo.

¡Bum!

Golpeó con el puño un punto concreto de la matriz arcana.

Ese puñetazo hizo temblar toda la mazmorra. Al mismo tiempo, Jaime fue lanzado hacia atrás por la tremenda fuerza de la energía de rebote. Por desgracia, la matriz arcana seguía intacta.

Eso demostraba que Jaime había encontrado el núcleo equivocado.

A pesar de todo, Jaime no se rindió. Siguió buscándolo y volvió a golpear con el puño.

El quinto intento dio el mismo resultado, y Jaime salió despedido hacia atrás. Después de más de diez intentos, Jaime estaba empapado en sudor y le salía sangre por la boca.

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