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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1862

Kenzo se apeó del Porsche y saludó a Jaime y a sus acompañantes.

Su conductor, aterrorizado por la escena, huyó al instante y abandonó el coche.

Jaime y sus compañeros se vieron rodeados por más de otros diez coches, de los que se apearon una veintena de hombres. Todos ellos desprendían un aura temible.

Sin más remedio, Jaime y sus acompañantes bajaron del taxi.

Al ver a Forero, Kenzo despotricó:

—Viejo cabr*n, te voy a pegar hasta que pidas clemencia por lo que me has hecho.

Sin inmutarse por la amenaza, Forero estaba a punto de lanzar un torrente de improperios cuando Jaime lo detuvo.

—Señor Zepeda, no pretendíamos ofenderlo. Para evitar más malentendidos, espero que pueda dejarnos pasar —dijo Jaime con cordialidad.

Tras escrutar a Jaime de pies a cabeza, Kenzo dijo con desprecio:

—¿Quién te crees que eres? ¿Desde cuándo te corresponde hablar?

—Soy Jaime Casas. ¿No has escuchado hablar de mí antes? —preguntó Jaime con rotundidad.

El nombre de Jaime era bien conocido en todo el mundo de las artes marciales. Además, Kenzo había embarcado en el mismo vuelo que ellos hacia Ciudad de Jade. Era evidente que había escuchado hablar de él.

—Así que tú eres Jaime Casas. ¿El mismo que no se molestó en mostrar respeto a la Alianza de Guerreros? —exclamó Kenzo sorprendido.

—¡Ese soy yo! —Jaime asintió.

Supuso que Kenzo, tras escuchar su nombre, se echaría atrás por respeto, pero Kenzo se mofó:

—Hace tiempo que he escuchado hablar de ti, la joven estrella del mundo de las artes marciales, pero creo que todo es mentira. ¿Por qué no nos enfrentamos? Te soltaré si me ganas.

Kenzo, sorprendentemente, quiso retar a Jaime. Jaime soltó una risita como respuesta. No sabía qué decir.

«¡Este tipo es demasiado ingenuo al pensar que un humilde marqués de las artes marciales como él puede enfrentarse a mí!».

Forero soltó una carcajada.

—Chico, será mejor que te des cuenta de a quién te enfrentas. Jaime puede derrotarte con mucha facilidad y con una mano atada a la espalda.

Al darse cuenta de lo que ocurría, Jaime dejó que su aura estallara al instante, provocando un estampido sónico que retumbó en el aire. La enorme onda expansiva resultante hizo retroceder a Kenzo de inmediato.

—No voy a contenerme si sigues por este camino.

Jaime estaba furioso por la persistencia de Kenzo.

A pesar de la advertencia, Kenzo respondió con el ceño fruncido.

—No eres una joven estrella del mundo de las artes marciales. Para mí, no eres más que un idiota. Ven por mí ahora si te atreves.

Jaime frunció el ceño en respuesta, y el aura que emitía se intensificó. Tras ver de lo que era capaz Jaime, Kenzo se abstuvo de volver a golpear.

—¡Apártate!

Jaime se enfureció al ver que Kenzo le bloqueaba el paso y aun así no se movió para atacar.

En cuanto terminó, apareció justo delante de su oponente.

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