—¡Hmph! Supongo que Jaime te da mucho miedo. ¡Te has vuelto blando de tanto vigilar esta ciudad todos estos años, viejo!
Kenzo estaba lleno de desdén hacia su propio padre, creyendo que éste era un cobarde que se sentía satisfecho sólo con gobernar la pequeña ciudad en la que vivían.
—¡Dilo otra vez, mocoso!
Alain levantó una mano para golpear a su hijo, haciéndolo huir despavorido.
—¡Nunca te lo perdonaré, Jaime Casas! —se juró éste de todos modos.
Exasperado por su propio hijo, Alain jadeaba mientras su rostro palidecía. A pesar de ser el alcalde de Ciudad del Norte, nunca pudo controlar a su hijo.
De vuelta en el reino secreto de la Secta Demoniaca, Jaime y Forero habían llegado sigilosamente hasta la frontera y ahora se encontraban justo delante de la dimensión del caos.
Nadie se había interpuesto en su camino durante el viaje, ni nadie los vigilaba.
Después de todo, este reino secreto pertenecía a la Secta Demoniaca, así que no había problemas de seguridad.
En cuanto se acercaron a la dimensión del caos, la intención asesina les dificultó el avance.
No podían ver nada ante ellos por mucho que lo intentaran. Era como si hubieran quedado atrapados en una tormenta de arena.
Los dos intentaron resistirse a la intención asesina y avanzar, pero una fuerza invisible los retuvo. Era prácticamente imposible avanzar.
—¿Es éste el fin del reino?
Jaime extendió el brazo, pero fue empujado hacia atrás por la fuerza invisible.
—La dimensión del caos no es sólo un vacío. ¿Por qué no podemos atravesarla? —preguntó Forero desconcertado mientras seguía intentando ver hacia delante.
—Probaré a usar mi sentido espiritual —propuso Jaime antes de desatar la habilidad.
Si pudiera separar su alma de su cuerpo, podría eludir con facilidad la intención asesina y echar un vistazo al interior de la dimensión del caos.
—Jaime, uno de nuestros hechizos de encantamiento incluye poder expulsar el alma de una persona de su cuerpo, pero el hechizo sólo puede usarse durante muy poco tiempo. ¿Quizás puedas investigarlo? —sugirió Forero.
Al escuchar eso, Jaime se sintió eufórico y en su mente aparecieron innumerables hechizos de la Secta Ira del Cielo.
No tardó mucho en dar con un hechizo separador de almas. Sin embargo, el talismán era muy difícil de pintar, y el tiempo que el alma podía permanecer separada del cuerpo dependía en gran medida de las habilidades del maestro de encantamientos.
—Deme algunos papeles de talismán, señor Forero. Lo intentaré.
Decidido a intentarlo, Jaime pidió unos trozos de papel talismán.
Tras recibirlos de Forero, sostuvo uno en el aire, se mordió el dedo y empezó a dibujar en el papel con su sangre.
Al poco tiempo, una tenue luz emanó de la yema del dedo del hombre mientras unas líneas comenzaban a formarse en el papel talismán.

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