Jesica recorrió Ciudad del Norte con Jaime y Forero durante medio día. Era una ciudad pequeña, así que casi la recorrieron entera en ese tiempo.
—¡Estoy demasiado cansado! Ustedes pueden seguir explorando. Yo voy a buscar un sitio para descansar. —Tras inventar una excusa, Forero se marchó a toda prisa.
Jaime supo de inmediato por qué Forero salía corriendo.
«¡A ese tipo no se le puede separar de las mujeres!».
Jesica también pareció darse cuenta de las intenciones de Forero. No pudo evitar poner los ojos en blanco.
—¿De verdad son los hombres tan incapaces de frenar sus deseos? No hay más que ver la impaciencia en su cara.
Su comentario hizo que Jaime se sintiera un poco incómodo. Tosió un poco y dijo:
—No todos los hombres son como el señor Forero. Todavía soy virgen.
Una expresión de sorpresa se extendió por el rostro de ella ante sus palabras, y lo miró incrédula.
—Pero... Tiene tantas mujeres a su alrededor, y tiene novia. ¿Nunca ha...?
—No. Absolutamente no. Creo que eso es un acto sagrado que debe esperar hasta después del matrimonio —contestó Jaime mientras agitaba la mano con un poco de desprecio.
Ella rio de repente al observar su reacción.
—Vaya sorpresa. Nunca pensé que un joven tan puro siguiera existiendo en una sociedad así. Si no fuera porque ya siento algo por otra persona, en verdad tendría ganas de perseguirlo...
—¿Es Patricio la persona por la que siente algo? —preguntó sin andarse por las ramas.

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