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El despertar del Dragón romance Capítulo 1951

—Cállate, Marcelo —reprendió José a Marcelo.

Sabía que no era el momento adecuado para que Marcelo se dejara llevar por la ira. Si se peleaban en ese momento, sólo beneficiaría a las otras sectas y a las familias prestigiosas.

No había surgido ni un solo conflicto a pesar de que muchas sectas y familias prestigiosas se habían reunido en la isla Encanta porque todas preservaban sus fuerzas y se abstenían de pelear por asuntos triviales.

Las palabras de Marcelo enfurecieron a Vladimir, y éste pronunció con una mirada despiadada:

—Marcelo García, te juro que si te atreves a decir una palabra más…

Estaba a punto de lanzar un puñetazo a Marcelo, pero fue detenido por José.

—Cálmate, Vladimir. Ignora a Marcelo. Así es como habla.

Marcelo reprimió su ira tras escuchar las palabras de José.

—Olvídalo, Vladimir. —Apretando la mandíbula, Vladimir retrocedió dos pasos a regañadientes después de que Jaime le dijera algo.

Al notar cómo Vladimir acataba las palabras de Jaime, José se volvió hacia Jaime e intentó persuadirlo en su lugar:

—Señor Casas, estoy seguro de que sabe lo que ocurrirá en la isla Encanta, ya que ha venido hasta aquí, así que espero que pueda considerar lo que acabo de sugerir. Mientras unamos nuestras fuerzas, las otras sectas y familias prestigiosas no se atreverán a desafiarnos. Podemos asignar los territorios una vez que la energía espiritual se haya recuperado. Es mejor que permanecer divididos y ser aniquilados por otras sectas y familias prestigiosas, ¿verdad?

Sin embargo, Jaime se limitó a dedicarle una leve sonrisa y respondió:

—Muchas gracias por tu ofrecimiento, pero prefiero hacer las cosas por mi cuenta. Lo siento.

El significado de las palabras de Jaime estaba claro. No se aliaría con José y los demás.

José frunció un poco las cejas al escuchar aquello, pues no esperaba que Jaime lo rechazara con tanta rapidez.

Justo cuando iba a decir algo, Marcelo tomó la palabra.

—¿Quién te crees que eres, Jaime? No te creas el más fuerte del mundo. Mira a todos los que han venido a la Isla Encanta. Hay muchos grandes marqueses de las artes marciales. Seguro tendrás una muerte horrible si estás solo.

—Si moriré o no, no parece tener nada que ver contigo, ¿verdad?

Jaime miró impasible a Marcelo con un deje de frialdad en los ojos.

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