Aun así, no eran rival para su oponente. A juzgar por el camino que tomaban los acontecimientos, aquellos cuatro hombres vestidos con Túnica de Oro Negro eran, sin duda, Santos de las Artes Marciales.
Tirados en el suelo, José y los demás miraron aterrorizados a los cuatro hombres.
«¡El poder de cuatro Santos de las Artes Marciales está más allá de lo que podemos manejar!».
Al ver aquella escena, los miembros de las otras familias corrieron al lado de Saulo, formando inconscientemente una nueva alianza.
Sin embargo, no tenían ni idea de que la intervención de Saulo no era para defenderlos o ayudarlos, sino para quitarles la vida.
Saulo miró a José y le preguntó con sorna:
—¿Ya pueden entrar todos?
José no contestó. Se limitó a bajar la cabeza. Ante el poder absoluto, no tuvo más remedio que someterse.
A continuación, Saulo gritó:
—Muy bien. Ya pueden entrar todos en orden.
Al escuchar eso, la multitud se arremolinó en las antiguas ruinas, revolviéndose e incluso pisoteándose unos a otros.
Saulo curvó la comisura de los labios en una mueca mientras observaba la escena.
—Estas personas no son de familias ordinarias de artes marciales. Son cultivadores demoníacos... —pronunció Jesica con rostro pálido mientras miraba a los cuatro hombres vestidos con túnica de oro negro.
Aunque habían cambiado sus atuendos, Jesica llegó a esa revelación cuando desataron sus habilidades antes.
Después de todo, la Secta Demoniaca y la Secta de Corazón Maligno eran del mismo linaje. De ahí que pudiera sentir las auras de esos cuatro hombres.
Forero, Fernando y los demás se sorprendieron al escuchar las palabras de Jesica.
En cambio, Jaime intervino con calma:
—Lo sé. Son guerreros de la Alianza de Guerreros con Túnica de Oro Negro de Ciudad de Jade, y ese hombre vestido de negro y oro es Saulo.
—¿Son gente de la Alianza de Guerreros?
Forero, Fernando y el resto del grupo estaban asombrados.

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