Después de ser golpeado por el primer trueno celestial, Jaime permaneció inmóvil, aun sosteniendo la Espada Matadragones en su mano.
Mucha gente se sorprendió ante esa visión. Después de todo, el poder del trueno celestial era aterrador, y la mayoría de la gente resultaría malherida, si no muerta, al ser golpeada por él.
Sin embargo, Jaime recibió un golpe directo y permaneció ileso.
«Su cuerpo es demasiado fuerte».
¡Crash!
Después de diez segundos, otro rayo celestial cayó.
Esta vez, el poder del trueno celestial fue aún mayor, haciendo que Jaime sintiera como si sus órganos internos se agitaran.
—Jaime, ya basta. Date prisa y quítate de en medio —le gritó Forero a Jaime.
Jaime ya había soportado la ráfaga del trueno celestial dos veces, y si continuaba quedándose, podría resultar verdaderamente herido.
Era sabido que el poder del trueno celestial se hacía más fuerte cada vez.
Sin embargo, Jaime no se movió. Planeaba resistir la fuerza del trueno celestial una vez más antes de encontrar la oportunidad de marcharse.
¡Bum!
El tercer trueno celestial lo golpeó.
El poder de ese trueno celestial era aún más potente que los dos anteriores juntos. Jaime sintió que se le doblaban las piernas y casi se desplomó.
Justo cuando sentía que no podía perseverar ante la presión, sintió de pronto un aura inusual que emanaba del altar bajo sus pies.
Aquella extraña aura subió por sus piernas y penetró poco a poco en su cuerpo, haciéndolo sentir relajado al instante.
Jaime se quedó atónito, pero al mirar hacia el altar que tenía debajo, no vio más que algunas piedras apiladas. No había rastros de matrices arcanas ni nada parecido en las rocas. Entonces, ¿de dónde procedía esa aura tan peculiar?
Mientras una expresión de aturdimiento se dibujaba en el rostro de Jaime desconcertado por lo ocurrido, Forero saltó de repente y empujó a Jaime fuera del altar.
Justo después de que Forero hiciera eso, cayó otro rayo de trueno celestial. Sin embargo, esta vez golpeó el altar, haciendo volar piedras por todas partes.

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