—Como era de esperar, un draconiano nunca se inclina ante nadie. No han pasado más que unos pocos miles de años. Sin embargo, el hijo de un dragón es tan débil —comentó Baal mientras le dirigía a Jaime una mirada curiosa.
—¿Estás diciendo que soy un draconiano? —preguntó Jaime en respuesta al comentario.
Estaba entusiasmado por la oportunidad de aprender de Baal sus orígenes y tal vez quién era su padre.
En cambio, Baal negó con la cabeza.
—Aún no eres draconiano. Es imposible que alguno de ellos sea tan débil como tú. Dicho esto, has demostrado un poder decente con el Puño de Luz Sagrado. Esa es la técnica más poderosa del viejo demonio. ¿Cómo conseguiste aprenderla? —preguntó Baal.
—¿El viejo demonio? —Jaime no conocía a ningún viejo demonio. Había aprendido el Puño de Luz Sagrado en la Torre de Pentacarna del alma de un anciano que después se marchó.
Ni siquiera sabía la identidad del anciano, y mucho menos si éste era algún tipo de viejo demonio.
Después de que Jaime le explicara cómo aprendió el Puño de Luz Sagrado, se sorprendió al escuchar a Baal soltar una carcajada.
—Jajaja, el alma de ese viejo ha sido suprimida dentro de una torre. Su destino es mucho peor que el mío.
A pesar de la risa de Baal, se notaba que él y el anciano eran tal vez amigos.
—El hecho de que salvaras al viejo demonio y heredaras de él el Puño de Luz Sagrado demuestra que eres su discípulo. Ahora que he resucitado, te concederé un deseo. Es mi forma de recompensarte en nombre del viejo demonio —ofreció Baal.
Para entonces, Baal había contenido su aura, permitiendo a todos los presentes volver a ponerse en pie.
Como su oferta llegó muy de repente, el desprevenido Jaime no supo qué pedir.
Mientras tanto, Malphas estaba estupefacto por lo que acababa de escuchar.
«¿Y si Jaime pide que nos maten? ¿No sería nuestro fin?».
—¡Lord Baal, no puede hacer esto, este hombre es un enemigo mortal de los espíritus demoníacos!
Malphas ansioso trató de detener a Baal.
—¿Quién eres tú? —preguntó Baal.

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