Emocionadas al recibir la noticia del regreso de Jaime, Isabel, Cecilia y las demás se arreglaron antes de llegar al aeropuerto de Ciudad de Jade para recibirlo.
Mientras esperaban en el aeropuerto, las chicas llamaron mucho la atención.
Jesica estaba entre ellas. Había puesto especial cuidado en estar guapa para Forero.
Poco después, Jaime y Forero aparecieron por la puerta de llegadas y salieron de ella con lentitud.
Las chicas se apresuraron al ver a Jaime, pero se quedaron heladas cuando vieron a la joven y guapa chica detrás de él.
—¡Qué sorpresa tan agradable que todas hayan venido por mí!
Jaime sonrió al ver a las chicas.
Las chicas lo ignoraron. En su lugar, se quedaron mirando a Yuri, que estaba de pie detrás de él.
—Por cierto, Yuri. Toma un taxi al colegio que no te voy a llevar —dijo Jaime al notar que Isabel y las demás la miraban con atención.
—Sí, amo. ¿Podemos salir cuando tenga tiempo? —preguntó Yuri con una dulce sonrisa.
—¿Eh? Puedes, supongo.
Jaime parecía no saber qué contestar a Yuri.
—¡Hasta luego, amo, señor Forero!
Yuri saludó y se marchó en un taxi.
Isabel y Lilia miraban a Jaime cuando Yuri se marchó.
—Te estás volviendo un descarado, Jaime. No me extraña que quisieras ir a Ciudad de Jade. Ya veo que te has buscado una sirvienta —echó humo Lilia.
—¿De qué estás hablando? Es un malentendido. Dejen que les explique.
Jaime sabía que habían entendido mal.
—¡No hay ningún malentendido! —espetó Cecilia—. Explícate cuando lleguemos a casa.
A la orden de su líder, las otras chicas rodearon a Jaime y lo obligaron a entrar en el coche.
Forero se echó a reír de Jaime.
Jesica le dio un violento tirón de orejas.
—¿Hiciste algo que no debías en Ciudad de Jade? Sé lo lascivas que son las mujeres jetroinianas.
—¿Cómo va el asunto con la Secta de Corazón Maligno, Jesica? —preguntó Jaime de repente.
—Encontré un reino secreto de la Secta de Corazón Maligno, señor Casas, pero no sé si es ahí donde tienen retenida a su novia. Además, no me atreví a abrirlo en su ausencia —informó Jesica.
—¿Dónde está? —preguntó Jaime emocionado.
—En el patio trasero de la Alianza de Guerreros. Ahí está la entrada al reino secreto. Le dije a Giovanni que hiciera que sus hombres la vigilaran de cerca —dijo Jesica—. Sin embargo, nadie ha salido de la entrada en los últimos días, así que no puedo saber si el reino secreto ha sido abandonado o si hay otra salida.
—Vamos. Muéstrame.
Jaime se puso en pie de un salto, pues estaba bastante ansioso por echar un vistazo.
—Es medianoche, Jaime. Iremos mañana. Además, el reino secreto no va a ninguna parte. Si en verdad es la Secta de Corazón Maligno, deberíamos hacer planes cuidadosos en lugar de proceder sin pensar...
Forero sabía que Jaime estaba ansioso por rescatar al rehén, ¡pero no podían actuar con imprudencia!
Jaime asintió. También se dio cuenta de que estaba siendo imprudente.
Tras hablar un poco más con Jesica, Jaime se marchó.
«Después de su tiempo separados, supongo que Forero no dormirá en toda la noche».

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)