—¿Qué debemos hacer? Dímelo. No importa lo que cueste mientras pueda entrar en el reino secreto y salvar a Josefina —dijo Jaime con ansiedad.
—Sé que hay un clan conocido como Clan Artesano en la Montaña Bermeja, y dentro de él, hay un Pergamino Divino. Se dice que este Pergamino Divino puede abrir la entrada a cualquier reino secreto, pero este pergamino es el tesoro del clan, y no se lo prestarán a otros con facilidad. Sin embargo, al jefe del clan le gusta coleccionar diversos objetos mágicos. Si alguien posee algo que le guste, puede ser el Pergamino Divino —dijo Jesica.
—¿Clan Artesano? ¿Pergamino Divino? —Jaime frunció un poco el ceño—. ¿Cómo es que nunca he escuchado hablar de ellos?
Aunque Jaime no llevaba mucho tiempo en el mundo de las artes marciales, a medida que aumentaban su fuerza y su fama, fue adquiriendo más conocimientos sobre muchas sectas y clanes del mundo de las artes marciales.
Ahora conocía a algunas familias que representaban a los reinos secretos, pero nunca había escuchado hablar del clan conocido como Clan Artesano.
—Señor Casas, puede que no sepa que, aunque el Clan Artesano está en el reino mundano, rara vez interactúa con las familias de artes marciales del reino. En su lugar, ¡las familias con las que tratan son todas de varios reinos secretos! Como el Clan Artesano puede refinar objetos mágicos y posee el Pergamino Divino, muchas familias de reinos secretos han tratado con el clan —le dijo Jesica a Jaime.
Jaime al final lo comprendió y preguntó:
—¿En qué lugar de la Montaña Bermeja se encuentra el Clan Artesano? Iré a buscarlo ahora mismo.
Jesica sacudió la cabeza y contestó:
—No estoy segura de la ubicación exacta. Sólo escuché hablar de él cuando estuve en la Secta Demoniaca.
Jaime conocía la Montaña Bermeja, pero su vasta extensión se iba a cientos de kilómetros. ¿En qué lugar de semejante paisaje debía buscar al enigmático Clan Artesano?
Además, la escasa conexión del clan con las familias de artes marciales en el reino mundano significaba que no podría obtener ninguna información útil, aunque preguntara en otro lugar.
Por otra parte, aventurarse a la Secta Demoníaca en busca de respuestas le consumiría demasiado tiempo precioso.
Cuando Jaime estaba indeciso, una epifanía lo golpeó como un rayo: Armando Salazar.
Sin duda, si Armando conocía el reino etéreo, podría tener la clave de los misterios del Clan Artesano.
Con esta revelación, Jaime giró sobre sus talones y se dirigió hacia el exterior, con la mente puesta en consultar a Armando.
Los ojos de Forero se abrieron alarmados.
—Jaime, ¿has perdido la cabeza? Sabes que para ver al señor Salazar hay que ser citado. ¿Quién se atreve a molestarlo sin esa invitación? Te aconsejo que no provoques al hombre. Aunque ha sido amable contigo, debes conocer tus límites.
La expresión de Forero se ensombreció al conocer las intenciones de Jaime.
—Ten por seguro que no habrá problemas. El señor Salazar nunca me trataría mal —declaró Jaime con seguridad.
Sin embargo, Forero apretó con fuerza a Jaime, impidiéndole seguir adelante.
En ese momento, Javier salió del interior y su mirada se posó en Jaime y Forero. Se quedó un poco sorprendido.
—Jaime, sí estás en la entrada. El señor Salazar me ha dado instrucciones hace un momento para que saliera y te invitara a pasar…
Las palabras de Javier dejaron a Jaime estupefacto también, pues indicaba con claridad que Armando ya estaba al tanto de su llegada.

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