Después de confirmar que Josefina no era una imagen fantasma, lágrimas ardientes brotaron de los ojos de Jaime. Con total incredulidad, preguntó:
—¿Esto es real, Josefina? ¿Eres real?
—Sí. Es real... —Lágrimas de alegría surcaron también el rostro de Josefina.
Los amantes, separados desde hacía mucho tiempo, por fin se habían reencontrado. Aunque tenían muchas preguntas, ninguno de ellos podía formar frases coherentes en ese momento.
Los ojos de Jaime se fijaron en el rostro de Josefina, manchado de lágrimas. Llevaba mucho tiempo deseando ver a su amada. Al final, no pudo resistir más el impulso de besarla en los labios.
Josefina le devolvió el beso con pasión.
Nada más en el mundo les importaba que la otra parte.
Estaban tan absortos en su beso que se olvidaron de todo lo demás.
El beso duró un buen rato, hasta que Josefina tuvo dificultades para respirar y Jaime la soltó.
Ella miró al cielo oscurecido, recordando por fin que estaba ahí para buscar comida.
—Oh, no. Olvidé que estaba aquí para buscar comida. Magnolia debe estar hambrienta ahora —dijo Josefina con urgencia.
—¿Magnolia? ¿Te refieres a Magnolia Bosques? ¿Ella también anda por aquí? —preguntó Jaime, sorprendido.
—Te lo explicaré más tarde. ¿Por qué no me ayudas a buscar comida? Luego, podemos hablar mientras caminamos de regreso... —Josefina animó a Jaime.
Pronto, ambos encontraron algunos vegetales y frutas silvestres antes de regresar al lado de Magnolia.
Mientras caminaban, Josefina le contó la historia a Jaime. Fue entonces cuando el hombre descubrió por fin que Malphas había secuestrado tanto a René como a Magnolia en este reino secreto.
El interés de Jaime se despertó cuando se enteró del libro que Armando le había regalado a Magnolia.
«¿Cómo sabía el señor Salazar que Magnolia y René se encontrarían conmigo? ¿Estaba en su predicción que estas dos mujeres serían secuestradas por la Secta de Corazón Maligno y abandonadas aquí, en el reino secreto? Además, ¿cuál es el verdadero motivo para secuestrarlas?».
Las circunstancias estaban rodeadas de misterio, y eso molestaba a Jaime.
—¿Sentiste esa aura extraña que provenía de él? —Jaime siguió indagando.
—No. No sentí nada. Para mí era un libro común y corriente. —Sacudió la cabeza.
—Qué raro. —La sorpresa se apoderó de Jaime. Procedió a abrir el libro.
Todos se quedaron atónitos cuando vieron el contenido, pues no había palabras en él. Las páginas estaban en blanco.
—¿P…Por qué no hay contenido en este libro? —René se quedó boquiabierta.
—Jaime, ¿podría tratarse de un libro mágico que debemos desbloquear para ver su contenido? —sugirió Josefina.
Jaime asintió.
—Es posible... —Entonces, transfirió un flujo de aura al libro.
Sin embargo, no se produjeron cambios visibles. El libro seguía vacío.

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