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El despertar del Dragón romance Capítulo 2102

Cuando Jaime llegó al final de la cueva, se dio cuenta de que todo el lugar era enorme, casi como un salón principal. Dentro había muchas esculturas de aspecto antiguo y cubiertas de polvo.

Observando su entorno, Jaime no notó nada peculiar. Aparte de esas esculturas, parecía haber tallas en las paredes de piedra que rodeaban la cueva, salvo que no se veían con claridad.

Abatido, Jaime retrocedió. Al principio pensó que aquel lugar, si no era una salida, lo más probable es que fuera una antigua ruina o algo parecido. Después de todo, era lo que había indicado el Tomo sin palabras.

Sin embargo, ahora no había nada. No cabía duda de por qué Jaime se sentiría abrumado por la decepción.

Cuando Jaime regresó a la entrada, se encontró con que Josefina y el resto también habían entrado.

—¿No les pedí a las tres que esperaran afuera? ¿Por qué están aquí? ¿Y si corren peligro? —Jaime reprendió a los tres.

—Precisamente porque nos preocupa que corras peligro hemos entrado... —explicó Josefina.

La respuesta de Josefina dejó a Jaime sin palabras.

—Jaime, ¿encontraste algo valioso adentro? —inquirió René mientras contemplaba la cueva completamente negra.

—Nada. No hay nada más que algunas esculturas inútiles —Jaime negó con la cabeza, decepcionado.

—Entremos a echar un vistazo... —A Magnolia le picó la curiosidad.

—No hay nada de nada. ¿Qué hay ahí que merezca la pena mirar? —Jaime no estaba dispuesto a volver a entrar.

—¡A mí también me gustaría entrar y echar un vistazo! Jaime, entremos otra vez, ¿sí? —René agarró a Jaime del brazo y le preguntó con tono coqueto.

Ante eso, Jaime sólo pudo asentir y responder exasperado:

—De acuerdo…

En un santiamén, el grupo de cuatro avanzó de nuevo hacia la cueva.

—¿Así que este lugar se llama Cueva Sin Límites? Qué nombre más feo... —comentó René mientras echaba un vistazo al grabado del techo de la cueva.

Magnolia también dirigió su mirada hacia el techo de la cueva, pero en cuanto lo hizo, bajó la cabeza y miró hacia otro lado.

Sin embargo, nadie notó el cambio de expresión en el rostro de Magnolia.

Jaime iba al frente, usando el fuego espiritual para guiar la marcha.

Detrás de él iba Josefina, que poco a poco iba sintiendo más calor. Gotas de sudor resbalaban por su frente una tras otra.

Y a su lado estaba René. Por el contrario, todo su cuerpo temblaba un poco como si se estuviera congelando dentro de la cueva.

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