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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2127

Jaime estaba al pie de la escarpada cima de la montaña de la Región Suroeste, asombrado de que se pudiera construir un templo en un lugar así.

Pero para Jaime, incluso el terreno más escarpado era tan llano como una autopista.

Con unos ágiles saltos, comenzó su ascenso hacia la cima.

Pronto llegó al Monasterio de Cábala, maravillado por su grandeza y por los devotos seguidores que se inclinaban en reverencia a cada paso. Jaime no podía comprender cómo aquella gente corriente había conseguido subir a un lugar tan escarpado con tanta determinación y perseverancia.

Para evitar dañar a los civiles, Jaime agitó un poco la mano, haciendo que la puerta del Monasterio de Cábala temblara con violencia y luego se derrumbara.

Al ver la repentina situación, los devotos del interior salieron corriendo despavoridos del monasterio, retirándose a una distancia segura.

—Papá, ¿qué está pasando? ¿Será Jaime? —preguntó Sixto a Pascual, con cara de ansiedad al escuchar los ruidos.

—No lo sé. Vamos fuera a echar un vistazo —respondió Pascual, saliendo de la habitación.

En cuanto salieron de la habitación, vieron la puerta del monasterio de Cábala derrumbándose y a Jaime de pie cerca.

Al ver a Pascual y a su hijo Sixto, Jaime sintió que su intención de matar se disparaba al instante.

—Jaime, no esperaba que te atrevieras a venir aquí —se mofó Sixto al ver a Jaime.

—Si tú y tu padre quieren morir, no los decepcionaré —replicó Jaime, avanzando poco a poco.

Al ver que Jaime caminaba hacia él, Sixto se sintió un poco intimidado y retrocedió dos pasos de manera automática.

En ese momento, más de una docena de monjes con poderosas auras salieron corriendo del Monasterio de Cábala, con los rostros llenos de ira al ver su puerta destruida.

—¡Ese tipo ha destruido nuestra puerta! ¡Atrápenlo! —gritó Pascual a los monjes que salían corriendo.

Los monjes, conocedores de la relación de Pascual con Josías, cargaron todos contra Jaime.

Pascual y Sixto, aunque lejos, también podían sentir la aterradora presión y apretaron los dientes para aguantar.

—¿Quién es el malviviente que causa alboroto en el Monasterio de Cábala? Ni siquiera puedo disfrutar de mis mujeres en paz.

De la nada, una voz bulliciosa llenó el aire.

La poderosa voz estaba impregnada de una inmensa energía que hizo añicos la presión que emitía Jaime.

Los monjes, que habían estado tumbados en el suelo, sintieron que se les quitaba la presión de encima. Se levantaron rápido y huyeron, dejando también aliviados a Pascual y Sixto.

Jaime frunció el ceño y se volvió hacia la dirección de la voz.

Vio que Alejo, cuyas ropas estaban hechas un desastre, salía caminando lento con una chica despeinada en brazos hacia él.

Alejo incluso dejó que su mano recorriera su cuerpo delante de todos.

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