El aura de Arconte y la de Demithor chocaron, y el cielo se sumió de inmediato en la oscuridad, sin que pudieran verse ni el sol ni la luna. Era como si el mundo se hubiera acabado en ese instante.
Los cuerpos de Demithor y Arconte chocaron con violencia, y chispas de relámpagos bailaron a su alrededor.
Los dos habían empezado a luchar, pero nadie más podía ver sus movimientos.
El universo tembló y surgió el caos.
Pascual se quedó con la boca abierta al ver la escena.
—E…Esto es una batalla entre Dioses de las Artes Marciales…
Josías también observó a los dos hombres con expresión atónita. Aunque él también era un Dios de las Artes Marciales, no cabía duda de que volaría en pedazos si intentaba participar en la batalla.
Mientras tanto, la expresión de Alba estaba llena de ansiedad mientras apretaba los puños con fuerza y miraba con atención a los dos combatientes.
Sabía que la fuerza de Arconte no era rival para la de Demithor. Cuanto más fuertes eran, más significativa era la disparidad en su nivel de cultivo. Era un abismo insalvable.
La disparidad era evidente cuando se trataba de aquellos que habían alcanzado el nivel de cultivo del Dios de las Artes Marciales.
¡Pum!
Un ruido ensordecedor sonó cuando un cuerpo fue enviado volando hacia atrás y chocó con una roca de más de diez metros de ancho. Al instante, la roca se hizo polvo. Uno sólo podía imaginar lo poderosa que era la fuerza de eso.
—¡Arconte! —gritó Alba mientras corría hacia él y le ayudaba a levantarse.
El rostro de Arconte estaba pálido. Obviamente estaba herido, pero, aun así, la mirada orgullosa de sus ojos no había disminuido. En su fuero interno, seguía negándose a admitir la derrota.
—¿Qué pasa? ¿No vas a admitir ya tu derrota? —se burló Demithor.
—Demithor, espera. Tarde o temprano te superaré —gruñó Arconte con los dientes apretados.
—¡Y una mi*rda! ¿Por qué no te largas ya? ¡El cadáver es mío! —dijo Demithor mientras señalaba a sus subordinados. Dos miembros de la Secta Vientofuerte saltaron al cráter y se prepararon para trasladar el cadáver de Jaime.
«¿Cómo es posible que el poder del Iluminado no mate a un simple Santo de las Artes Marciales de Quinto Nivel? Esto es demasiado increíble».
De hecho, el aura que emanaba el cuerpo de Jaime era mucho más fuerte que antes.
—Sólo un Santo de Artes Marciales de Octavo Nivel... —Una pizca de decepción se reflejó en los ojos de Jaime mientras medía el poder que ahora poseía su cuerpo.
«Entre la energía de la fe y la absorción de los poderes de Alejo, ¡pensé que podría llegar a Dios de las Artes Marciales! Parece que cuanto más fuerte me hago, más recursos necesito para cultivarme».
Jaime no dudaba que la fuerza de un Santo de las Artes Marciales de Octavo Nivel era más que suficiente para enfrentarse a un Dios de las Artes Marciales de Quinto Nivel.
Esta era la característica especial de su Técnica de Enfoque. Por otro lado, la cantidad de recursos necesarios para elevar su nivel de cultivo era mucho mayor que la de una persona normal. Sin embargo, cuando se trataba de gente con niveles de cultivo similares, Jaime era imbatible.
Jaime recorrió con la mirada a Demithor, Arconte y los demás antes de centrarse en Josías.
Inconscientemente, Josías empezó a temblar cuando vio que Jaime dirigía su atención hacia él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)