A pesar de eso, el poder de la Espada Matadragones no disminuyó en absoluto mientras Jaime la empujaba hacia el pecho de Luol.
—Jajaja, un humilde Santo de las Artes Marciales cree que puede matarme.
En medio de su sonora carcajada, Luol se desvaneció en el aire.
Todo lo que la espada de Jaime atravesó fue una nube de niebla negra. Dentro de ella había incontables parásitos venenosos que después engulleron todo el cuerpo de Jaime.
En cuanto a Luol, ya estaba de pie a su lado, estallando en carcajadas una vez más al ver a Jaime abrumado por los parásitos.
—Chico, voy a darte a probar el Enjambre Venenoso —declaró Luol con regocijo ante la mirada ansiosa de Alba.
Sin embargo, a pesar de estar cubierto por los parásitos venenosos, Jaime estaba la mar de tranquilo con la espada en la mano.
Al momento siguiente, pudieron verse llamas azules surgiendo de la Espada Matadragones antes de cubrir todo el cuerpo de Jaime.
Cuando el infierno azul empezó a arder, los parásitos venenosos de todo su cuerpo se incineraron hasta convertirse en cenizas.
—¿Fuego espiritual?
Luol no pudo evitar fruncir el ceño al ver el fuego espiritual parpadeando alrededor del cuerpo de Jaime.
—Si esto es lo mejor que puedes hacer, estoy muy decepcionado.
Blandiendo Espada Matadragones, Jaime disparó un arco de luz en dirección a Luol.
Sin embargo, cuando la luz atravesó el cuerpo de Luol, éste volvió a disolverse en una niebla negra.
Pero esta vez, la niebla negra se transformó en una temible bestia que levantó la cabeza y rugió hacia el cielo.
Antes de que Jaime se diera cuenta, Luol reapareció a su lado por segunda vez.
—Chico, nunca me darás —proclamó Luol con confianza.
—Tu hechizo de ilusión es muy bueno. No puedo creer lo real que puede llegar a ser.
Para entonces, Jaime se había dado cuenta de que cada uno de sus ataques había caído sobre una ilusión en vez de sobre el cuerpo real de Luol.
No había forma de que pudiera darse cuenta al instante de que el Luol que tenía delante no era real.

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