«No hay forma de que asuma la responsabilidad cuando no he hecho nada».
—Ya me he convertido en tuya desde el momento en que tomé tu sangre. Eres mi maestro a partir de ahora. ¿No sentiste nada hace un momento? —preguntó Feenix.
—Yo...
A Jaime se le trabó la lengua. Después de todo, antes sintió una sensación increíble y confortable.
Aun así, toda la situación le parecía ridícula.
«¿Se convirtió en mía con sólo tomar una gota de mi sangre? ¿Cómo es posible? E incluso...».
—Señorita Feenix, esto es demasiado repentino. Me cuesta procesar toda esta información. De todos modos, tengo que volver o la gente empezará a preocuparse.
Jaime quería marcharse cuanto antes o nunca podría limpiar su nombre.
—Maestro, no lo detendré si quiere irse, pero primero, déjeme darle un regalo.
Con eso, agitó con suavidad su brazo, y la montaña entera comenzó a retumbar. Innumerables bestias demoníacas rugieron al unísono, sus rugidos sonaban emocionados. Era casi como si estuvieran animando a Feenix.
Justo entonces, todas las bestias demoníacas que trajeron a Jaime al lugar se reunieron, comportándose como perros domesticados frente a Feenix.
—A partir de hoy, esta persona será su maestro. Tienen que obedecer sus órdenes en todo momento —dijo Feenix a las bestias demoníacas.
Mirando a Jaime, las bestias demoníacas gruñeron con suavidad y asintieron con fuerza.
—Maestro, estas bestias demoníacas son sensibles. Aunque no pueden hablar nuestro idioma ni transformarse en humanos, son bastante inteligentes. ¿Por qué no elige una como montura? También puede protegerlo en momentos de peligro —dijo Feenix.
La emoción bullía en el interior de Jaime.
«¡Sería genial tener una bestia demoníaca como montura!».
Pasó la mirada por las bestias demoníacas reunidas ante él, sin saber cuál elegir.

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