—Viento Neblineo, parece que tu discípulo no ha aprendido nada aparte de cómo ligar. Como su mentor, ¿qué has estado haciendo? Acaba de recibir una fuerte bofetada de alguien del reino mundano. Sin embargo, en vez de un ataque a tu discípulo, ¡es más bien una bofetada en tu cara! —cacareó Santiago. Ya bastante molesto por cómo Viento Sombrío había tratado antes a Hada, aprovechó la oportunidad para vengarse de él.
A pesar de lo humillantes que eran esas palabras para Viento Neblineo, éste no dijo nada.
—Ese no puede ser el alcance de las capacidades de Viento Sombrío. Supongo que las cosas se pondrán más interesantes después de esto —observó Quirino con indiferencia.
En realidad, todos sabían que Viento Sombrío aún no había mostrado sus verdaderos poderes y que sólo había recibido una bofetada de Jaime porque subestimó a este último.
Viento Sombrío menospreciaba a Jaime porque era del reino mundano. Además, el aura de Jaime era sólo la de un Replicador de Espíritus de Tercer Nivel, lo que hizo que Viento Sombrío bajara aún más la guardia.
Si Jaime no hubiera hecho sonar la Campana del Dragón e invocado a nueve dragones dorados, tal vez Viento Sombrío no lo habría desafiado a una batalla. Después de todo, estaba por debajo de su dignidad competir con gente del reino mundano.
—Todos ustedes esperen y verán... —Viento Neblineo entrecerró los ojos mientras su expresión se volvía sombría.
«Tengo fe en él. Es imposible que pierda contra un mocoso del reino mundano».
Mientras tanto, Viento Sombrío estaba en la arena, hirviendo de rabia mientras miraba a Jaime. Esa bofetada le había destrozado el ego y el orgullo.
«¡No esperaba que se guardara un as en la manga!».
—Mocoso, ahora sí que me has molestado. ¡Te voy a matar! —rugió, dejando de importarle respetar las normas y declarando a voz en grito que acabaría con la vida de Jaime.
—Eres bienvenido a intentarlo, pero veamos si tienes lo que hay que tener para lograrlo. Dije que te daría una paliza, y eso es lo que haré. Así que prepárate para cambiarte de ropa.

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