Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2356

Aunque el Gran Adivino se quedara con la Secta de la Adivinación, nunca serían rivales para Winsor y sus hombres. La diferencia de fuerzas era demasiado grande.

En cuanto Jaime terminó, arrancó una rama al azar y empezó a dibujar todo tipo de signos en el suelo.

Cuando los signos empezaron a brillar, se hizo evidente que Jaime estaba tallando matrices arcanas.

Al ver la facilidad con que Jaime lo hacía, el Gran Adivino se sobresaltó. No esperaba que Jaime fuera tan hábil tallando matrices arcanas.

Una vez que la matriz arcana estuvo lista, Jaime se marchó junto con todos los demás.

Pronto, Winsor y sus hombres llegaron y vieron rastros de un grupo que descansaba allí.

—No tienen escapatoria. —Winsor sonrió satisfecho, y a continuación dirigió a sus hombres en su persecución.

Apenas se habían puesto en marcha, el suelo tembló de repente. Como si los árboles que los rodeaban hubieran cobrado vida, empezaron a girar alrededor del grupo de Winsor, impidiéndoles marcharse.

—Hmph, una pésima matriz arcana como esta no va a detenernos. Esto no es más que una broma.

Winsor desató un maremoto de energía marcial con un movimiento de su mano, arrasando todo lo que tenía delante.

La matriz arcana se disipó rápido, al tiempo que las rocas y los árboles que bloqueaban su camino se convertían en polvo.

Sin embargo, Jaime no esperaba que su matriz arcana atrapara a Winsor y sus hombres. Lo único que esperaba era ganar tiempo para escapar.

Tras atravesar la noche, Jaime condujo a Mateo y a los demás hasta el lugar marcado en el mapa del tesoro.

Ante la vista de un barranco sin fondo, Jaime no pudo evitar fruncir el ceño, pues percibía claramente un aura peligrosa que emanaba de su interior.

El barranco se extendía por kilómetros y no se podía ver el final. Además, estaba tan oscuro que parecía un túnel hacia el infierno.

Las paredes de piedra a ambos lados del barranco eran lisas y no parecían haberse formado de forma natural. De hecho, parecía como si alguien las hubiera cortado por la mitad con una espada.

—Señor Casas, ¿quién demonios es esta persona? ¿Por qué tengo esta sensación espeluznante? —le preguntó Alba a Jaime.

—No tengo ni idea. —Jaime no sabía qué tipo de lugar era este. Lo único que recordaba era que ese lugar estaba marcado en el mapa.

—El abismo está lleno de incontables tesoros. Ahora, veamos si tienen agallas para bajar.

En cuanto terminó, la calavera voló hacia el abismo y desapareció rápido en la oscuridad. Jaime y Mateo se quedaron mirándose sin saber qué hacer.

Aunque Jaime podía sentir el aura peligrosa allá abajo, también sabía que con grandes riesgos vienen grandes recompensas.

Ahora, era cuestión de si tenían el valor para hacerlo. Como dice el refrán, la fortuna favorece a los audaces.

—Maestro Adivino, Señor Campos, ¿qué hacemos?

Jaime era consciente de que el abismo estaba lleno de innumerables peligros y podían perder con facilidad la vida en él. Quería conocer la opinión del Gran Adivino y de Mateo al respecto.

—Señor Casas, iremos con lo que usted decida. Si quiere entrar, no dudaremos en seguirlo.

—Así es, señor Casas. Haremos lo que usted diga.

Mateo y el Gran Adivino dejaron la decisión en manos de Jaime.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)