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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2362

—Pero, ¿dónde deberíamos buscar una llave con esta forma? —Jaime se quedó sin habla.

No tenían la llave, ni sabían el paradero de la llave ni dónde encontrarla.

No podrían entrar sin la llave.

—Señor Casas, esa calavera parece conocer este lugar. Quizá sepa dónde está la llave. Podemos intentar preguntarle. —Recordó el Gran Adivino.

Sólo entonces Jaime recordó la existencia de la calavera. Sin embargo, desde que la calavera había perdido su brillo, no había respondido por mucho que él la llamara. Jaime no estaba seguro de que el dueño de la calavera siguiera allí.

No obstante, Jaime sacó la calavera de su Anillo de Almacenamiento. Sin embargo, cuando la sacó, se asombró al ver que la calavera, que era translúcida y cristalina, se había vuelto por completo negra.

En la parte superior de la calavera brillaba un dibujo en forma de flor de ciruelo, que contrastaba con el negro de la calavera.

Jaime miró aturdido la calavera que tenía en la mano.

—Señor Casas, ¿la llave podría ser la calavera que sostiene? —El Gran Adivino se quedó igualmente estupefacto ante aquella visión.

—Es posible. —Jaime sujetó la calavera y la acercó poco a poco al hueco de la puerta.

De repente, una fuerte fuerza de succión tiró de la calavera hacia la puerta, y ésta empezó a crujir.

Pronto, la puerta, que medía decenas de metros, se abrió de golpe, y la calavera volvió a la palma de la mano de Jaime.

Jaime se quedó atónito.

«Si esta puerta sólo puede abrirse con la calavera en la mano, ¿significa eso que este lugar fue construido por el dueño de esta calavera? ¿Qué está pasando?».

Jaime estaba desconcertado. No podía hacerse a la idea de la situación ni averiguar la identidad del dueño de la calavera.

—¿Cómo puede haber seres vivos aquí? —preguntó confundido Mateo.

—Maestro, e…esto no es el verdadero infierno, ¿verdad? Tengo miedo... —A Alba le temblaba todo el cuerpo.

Después de todo, seguía siendo una chica. No era de extrañar que se asustara ante semejante escena.

—Este lugar no puede ser el infierno. El infierno es el inframundo. Con nuestras capacidades, aún no podemos abandonar el reino mundano y entrar en otra dimensión. Sin embargo, este lugar es espeluznante, como el purgatorio —dijo Gran Adivino con el ceño fruncido.

—Independientemente del mundo que sea, debemos prepararnos y seguir adelante, ya que estamos aquí. Todos estén alerta y no se alejen —recordó Jaime.

Cuando atravesó la puerta, sintió que se acercaba un aura peligrosa.

Todos se juntaron más, en alerta máxima.

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