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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2371

—Cuando nos encontremos con los fantasmas más tarde, no hagan ningún movimiento. Dejen que me encargue yo solo. Ustedes dos intervengan sólo cuando yo no pueda solo —dijo Jaime a Arconte y Alba.

Los dos asintieron. Puesto que matar a los fantasmas era la forma de cultivo de Jaime, le dejarían los fantasmas a él.

Después de caminar un rato, vieron acercarse a un gran grupo de fantasmas.

A la cabeza iba un fantasma con armadura de combate, seguido de lo que Jaime supuso que eran sus soldados.

Todos los fantasmas vestían ropas antiguas y llevaban lanzas, lo que los asemejaba claramente a un antiguo ejército.

Lo más probable era que este grupo fuera un ejército caído. Sus almas habían permanecido y se habían transformado en fantasmas.

Al ver la repentina aparición de este gran grupo de fantasmas, Arconte y Alba palidecieron. Solo los ojos de Jaime se llenaron de emoción.

Para él, esto era un recurso abundante de Fuerza Definitiva.

—Cuídense —dijo Jaime a Arconte y Alba.

Luego, saltó, cargando contra el grupo de fantasmas, empuñando Espada Matadragones.

El fantasma con armadura de combate, blandiendo un largo cuchillo, miró a Jaime y gritó:

—¡Ataquen!

Los otros fantasmas, con lanzas en las manos, lanzaron gritos ensordecedores y se abalanzaron sobre Jaime.

En el aire, Jaime blandió su Espada Matadragones y una luz dorada surcó el cielo.

En un instante, un gran número de fantasmas frente a él murieron, y rastros imperceptibles de Fuerza Definitiva fluyeron hacia el cuerpo de Jaime.

Jaime estaba exultante. Sujetando la Espada Matadragones, se abalanzó sobre el caótico ejército de fantasmas y los acuchilló con fiereza.

Aunque estos fantasmas habían sido soldados, se habían convertido en enemigos de los vivos, y Jaime no tuvo piedad.

Además, matando a estos fantasmas, podrían liberarse de su tormento y reencarnarse, escapando del amargo destino de ser fantasmas que rondaban por el mundo.

Alba y Arconte observaron la valerosa figura de Jaime con un deje de emoción.

Su larga espada hendió el aire, desatando un destello aterrador.

Alba se apresuró a bloquear con su espada, pero salió despedida por los aires.

Arconte apretó los dientes, saltó hacia delante y golpeó al fantasma con un potente puñetazo.

Sin embargo, el fantasma con armadura de batalla permaneció impasible y contraatacó. En ese momento lanzó a Arconte por los aires.

—Este fantasma es demasiado poderoso. Es anormal... —Arconte se levantó con lentitud, con las cejas fruncidas.

«¡Es sumamente fuerte! No me extraña que sea el líder y el único con armadura de combate».

—Incluso el Maestro tuvo problemas para matar a uno de estos con armadura de batalla. Parece que no somos rival para él —dijo Alba, con la preocupación grabada en el rostro.

—De todos modos, no podemos dejar que dañe al Señor Casas. ¡Ataca!

Arconte volvió a levantarse de un salto, seguido de cerca por Alba, mientras ambos se lanzaban al asalto del fantasma acorazado.

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