Al regresar a Ciudad de Jade, Jaime no pudo evitar emocionarse. Se dio cuenta de que había estado fuera mucho tiempo.
En un principio, Jaime había planeado ir directamente al reino secreto de la Secta de la Búsqueda Divina para ver cómo estaban Josefina y las demás, pero en cuanto llegó a Ciudad de Jade, Astrid lo llevó directamente a la residencia de los Gabaldón.
Jaime se quedó de piedra cuando llegó a la residencia de los Gabaldón y vio a Casio, Evangelina y el resto de los Gabaldón en la mansión de Fernando.
No era habitual que se aventuraran a salir del reino secreto a menos que se enfrentaran a una situación urgente.
—Gran Anciano, ¿por qué abandonaron el reino secreto? ¿Qué pasó? —preguntó Jaime con incredulidad.
El hecho de que Casio sacara a los Gabaldón del reino secreto significaba que se enfrentarían a las repercusiones de desafiar la Ley Celestial, lo que afectaría bastante a sus poderes y habilidades.
Al ver a Jaime, a Casio le invadió la emoción y sus lágrimas fluyeron sin control.
—Señor Casas, nosotros, los Gabaldón, hemos perdido nuestra tierra…
—¿Qué ha pasado exactamente? —Jaime frunció las cejas.
—Lope Marcio, de la Secta Zahrin, lanzó de repente un ataque contra nosotros. No sólo atacaron nuestra finca de la familia Gabaldón, sino que El Adamantino también sufrió muchas bajas. Lope resultó ser un emisario de túnica púrpura de la Secta de Corazón Maligno. De hecho, él y sus hombres se habían aliado con la Secta de Corazón Maligno años atrás —explicó Casio.
La mente de Jaime zumbaba de incredulidad. Jamás hubiera imaginado que la influencia de la Secta de Corazón Maligno se infiltrara en los Ocho Reinos Secretos Mayores.
«¿Lope también es un emisario de túnica púrpura?».
—¿Eso sólo le pasó a la Puerta del Fuego? ¿Y a los otros reinos secretos? —preguntó Jaime.
Su principal preocupación era su madre, que residía en el Palacio de la Nube Violeta, dentro de la Puerta del Trueno.
—Jaime, si necesitas ayuda, estamos dispuestos a echarte una mano. —De repente, Cecilia llegó con un grupo de mujeres.
Tras recibir la guía de Arturo, experimentaron una notable transformación. Su fuerza había crecido hasta un punto en el que podían proporcionar una ayuda significativa a Jaime.
—¿Tú? —Jaime miró a Cecilia y a las demás con un deje de confusión.
—Bueno, chicas, supongo que tendremos que mostrarle lo que tenemos para que deje de subestimarnos —exclamó Cecilia, guiando a las otras chicas para que le demostraran a Jaime sólo una fracción de su poder.
Jaime se quedó sin habla al ver la fuerza de Cecilia y sus compañeras.
Sin embargo, al descubrir que habían sido guiadas por Arturo, Jaime comprendió de inmediato de dónde procedía su confianza. Después de todo, Arturo era la única persona que seguía siendo un enigma para Jaime.
Hasta el día de hoy, Jaime seguía sin conocer el nivel de cultivo de Arturo. Cada vez que Jaime sentía que su poder aumentaba y su confianza crecía, Arturo lo reprimía sin piedad, recordándole sus limitaciones.

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