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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2410

Ante las palabras de Beatriz, Cecilia y las demás enrojecieron. Mientras tanto, Beatriz estaba más que ansiosa por marcharse y regresar a Ciudad de Jade.

Justo cuando Jaime iba a marcharse con su madre, Santiago le bloqueó el paso.

Al principio, quiso confiar Hada a Jaime, ya que éste parecía un hombre decente. Por desgracia ahora había un montón de mujeres a su lado.

Sin embargo, si Hada no se marchaba con Jaime, toda su familia acabaría muerta cuando Bosco y Cleo llegaran mañana.

Al final, no tuvo más remedio que implorar:

—Espero que puedas llevarte a Hada contigo, Jaime. Si se quedara, sin duda perdería la vida.

Conocía el temperamento de su hija y sabía que nunca aceptaría casarse con Cleo. Bosco y Cleo de seguro los masacrarían a todos por eso.

—No me voy, papá. Quiero quedarme y hacerles compañía.

Hada negó con la cabeza.

Le gustaba Jaime, pero nunca había imaginado que tendría tantas mujeres a su alrededor. Por un momento, no pudo aceptarlo.

Fuera como fuese, era la heredera del Palacio de la Nube Violeta. Por lo tanto, era un poco reacia a compartir un hombre con varias mujeres.

Sin que ella lo supiera, todas las mujeres a su lado también serían herederas.

—Deja que Jaime te lleve, Hada. No tiene sentido que te quedes —insistió Romina.

Sollozando con amargura, Hada abrazó con fuerza a su madre.

Al ver aquello, Beatriz inquirió:

—¿Qué pasa aquí, Jaime?

Jaime procedió a contarle el asunto del reino secreto de la Puerta del Trueno. Beatriz frunció un poco el ceño.

—Si tienes una solución, Jaime, plantéate echar una mano al señor Higareda —apeló.

En realidad, Jaime no había planeado salvar el Palacio de la Nube Violeta, pues por lo que sabía, su madre estaba prisionera de Santiago.

Dicho esto, Jaime salió a grandes zancadas.

En ese momento, tuvo que averiguar de dónde sacar la enorme cantidad de refuerzos que necesitaba.

Aunque tenía varias personas en el reino mundano, sus capacidades eran demasiado bajas.

«Si vinieran al reino secreto a luchar, no serían más que carne de cañón. No tendría sentido».

En el reino oculto, Mateo y Yair eran fuertes. Pero eran muy pocos. De poco les serviría venir.

—¿Feenix? Puedo ir al reino secreto de las bestias demoníacas a buscarla, y luego guiar al ejército de bestias demoníacas hasta aquí para ayudar.

De repente, Jaime pensó en Feenix.

Desde que cayó en coma tras sufrir una herida y se acostó con ella en sueños, había estado preocupado por ella.

«Me pregunto cómo estará ahora después de salvarme».

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