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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2421

Jaime se quedó callado tras escuchar lo que dijo Beatriz.

«¿Debería odiar a este padre al que ni siquiera conozco? No lo entiendo... ¿Por qué abandonaría a su mujer y a su hijo? ¿Qué clase de persona era?».

Quería contarle a Beatriz lo de la Secta del Dragón, pero no quería preocuparla innecesariamente.

—Se hace tarde, mamá. Deberías dormir un poco —dijo Jaime mientras se levantaba y se preparaba para salir.

—No olvides que estoy esperando tener nietos, Jaime. Ahora que tienes tantas novias, ¡seguro que podrás tener hijos con ellas! —le recordó Beatriz.

—Lo sé, mamá —respondió Jaime asintiendo con la cabeza.

Dado que Jaime había rescatado con éxito a Beatriz, ya no tenía necesidad de contenerse.

Aunque lo había hecho con Feenix, Jaime se sentía mal cuando pensaba en Josefina.

Al fin y al cabo, Josefina fue su primera novia y, sin embargo, fue incapaz de guardar su primera vez para ella.

Jaime decidió entonces hacer un viaje al reino secreto de la Secta de la Búsqueda Divina para visitar a Josefina, Magnolia y las demás.

Estaba a punto de salir a la mañana siguiente cuando Cecilia lo detuvo.

Sabía con seguridad que Jaime iría a visitar a Josefina después de regresar a Ciudad de Jade.

—¡No puedes irte, Jaime! ¡Ahora las cosas han cambiado! Recuerdas lo poderoso que es Tacio, ¿verdad? ¿Y si te detiene en ese reino secreto cuando visites a Josefina? ¿Crees que ahora eres lo bastante poderoso para escapar de Tacio? Ahora mismo, deberías centrarte en hacerte más fuerte y enfrentarte a las fuerzas de la Secta de Corazón Maligno —dijo Cecilia.

Gracias a su experiencia de liderazgo, Cecilia sonaba muy convincente y persuasiva. Eso, combinado con su hermosa apariencia, derritió el corazón de Jaime al instante.

—De acuerdo; haré lo que dices y me centraré en ocuparme de los Ocho Reinos Secretos Mayores para eliminar a todos los emisarios de túnica púrpura —respondió Jaime asintiendo con la cabeza.

—Creo que deberías ir a ver al Señor Salazar. Quizá pueda echarte una mano —sugirió Cecilia.

Al entrar en el despacho, Jaime se dio cuenta de que algo no encajaba en Armando. Tras una inspección más minuciosa, percibió que al aura de Armando le faltaba algo.

—¿Está enfermo, Señor Salazar? —preguntó Jaime.

Armando negó con la cabeza e indicó a Javier que los dejara.

—Toma asiento... —Armando esperó entonces a que Jaime se sentara frente a él antes de continuar—: Parece que ha sido un viaje fructífero, ¿eh?

Jaime asintió.

—En efecto. Me hice mucho más poderoso y también conseguí algunas armas divinas.

—Esas armas divinas sólo pueden desatar el diez por ciento de todo su poder en tus manos. Tendrás que esforzarte mucho más —dijo Armando con una sonrisa.

—¿Sabe lo que tengo, señor Salazar? —exclamó Jaime conmocionado y confundido.

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