A pesar de su irritación, Jaime no podía rechazar la oportunidad de ver a Armando.
«El señor Salazar me dijo que sólo le quedaba un mes de vida, y ya ha pasado casi un mes desde entonces. Debería ver cómo está».
Jaime siguió a Javier hasta el Ministerio de Justicia y entró en el despacho de Armando. Al llegar, Javier se marchó con mucho tacto.
—Siéntate —dijo Arturo al ver a Jaime.
Jaime evaluó a Armando y se dio cuenta de lo sano que parecía éste.
«El aura del señor Salazar parece estable y no parece enfermo. De hecho, ¡no parece que se esté muriendo!».
—Señor Salazar, se le ve muy saludable. Ya casi ha pasado un mes, ¿no? Eso significa que debería estar bien, ¿no? —preguntó Jaime.
—¿Quién te dijo que moriría de enfermedad? —Armando rio entre dientes.
—¿Eh? ¿Cómo va a morir, entonces? Es lo suficientemente fuerte como para derrotar a cualquiera en el reino mundano. Nadie es capaz de matarlo, ¿verdad? —preguntó Jaime.
—¡Jajaja! Es cierto que nadie en el reino mundano es capaz de matarme. Sin embargo, es mi destino. Cuando llegue el momento, conoceré a mi creador —Armando se rio.
Jaime se quedó confundido al ver reír a Armando.
«¿Cómo puede seguir riendo el señor Salazar? ¿No tiene miedo de morir?».
—Señor Salazar, puesto que ya sabe cuándo va a morir, ¿por qué no desafía a su destino? ¿No puede quedarse quieto ese fatídico día? —cuestionó Jaime.
Armando negó con la cabeza.
—Pero ése es mi destino. Si no muero ese día, el caos se apoderará del mundo y otros morirán. A veces, deberíamos aceptar nuestro destino.
Jaime se quedó sin habla.
«No lo entiendo. ¿Destino? ¿Qué quiere decir el señor Salazar con eso? ¿Por qué se desatará el caos en el mundo si él sigue vivo?».
«No debería dejar que este miserable tema afectara al humor de Jaime». Armando cambió pronto de tema al ver que Jaime guardaba silencio.
«¡El señor Salazar es increíble! ¡Estuvo en el reino mundano todo el tiempo! Por muy fuerte que sea, no debería saber tanto sobre el Reino Etéreo».
—Conozco el Reino Etéreo como la palma de mi mano. —Armando esbozó una leve sonrisa.
Jaime se quedó estupefacto al escuchar aquellas palabras.
—¿Es del Reino Etéreo? Si es así, ¿por qué ha venido al reino mundano? —preguntó Jaime.
Armando se limitó a reír entre dientes. En lugar de responder a la pregunta de Jaime, dijo:
—Siete días después se activará la Formación de Restauración de la Energía Espiritual, así que debes estar preparado. Por ahora, todavía hay ciertas cosas que no deberías saber. Cuando algún día te conviertas en el más fuerte, tal vez seas capaz de ver las cosas que hoy no puedes ver.
Jaime se quedó pensativo al escuchar esas palabras.
«Siento que por mucho que me esfuerce y me haga fuerte, nunca estaré a la altura del señor Salazar. Al final, seguiré necesitando que me proteja. Lo conozco desde hace mucho tiempo, pero aún no sé quién es en verdad. ¡Diablos, ni siquiera sé si su nombre es real! Es como si el Señor Salazar fuera un desconocido. Sin embargo, sé que ha estado cuidando de mí todo este tiempo».
Tras charlar un rato más con Armando, Jaime abandonó el Ministerio de Justicia y regresó a la Secta Duval.

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