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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2490

El minotauro miró a Zita sorprendido.

—¿Espíritu de espada? ¿Cómo ha podido aparecer aquí un espíritu de espada condensado del lago de limpieza de espadas?

Las palabras del minotauro confirmaron la sospecha de Jaime: provenía del Reino Etéreo. De lo contrario, no sabría nada del lago limpiador de espadas.

Justo entonces, otra espada se materializó en la mano de Zita y la blandió contra el minotauro.

—No lo mates.

Jaime la detuvo porque tenía algo que preguntarle al minotauro.

Estaban en el reino secreto de la Secta de Corazón Maligno, que formaba parte del reino mundano. Sin embargo, el minotauro era una bestia demoníaca del Reino Etéreo. A Jaime le intrigaba cómo la bestia demoníaca había llegado hasta ahí y se había convertido en el guardián de la mazmorra de la Secta de Corazón Maligno.

«¿Podría la Secta de Corazón Maligno tener conexiones con el Reino Etéreo?».

Una sensación de presentimiento se apoderó de Jaime. Si sus sospechas eran ciertas, la misión de Jaime de eliminar a la Secta de Corazón Maligno se había vuelto más difícil.

Jaime se acercó al minotauro y lo miró con frialdad.

—¿Eres del Reino Etéreo? ¿Por qué estás aquí? ¿Cuál es tu relación con la Secta de Corazón Maligno?

Jaime bombardeó al minotauro con una serie de preguntas, esperando obtener de él alguna respuesta.

Por desgracia, el minotauro sólo sonrió y dijo:

—Puesto que ya conoces el Reino Etéreo y que yo vengo de ese lugar, entonces deberías saber que la Secta de Corazón Maligno es…

Antes de que el minotauro pudiera terminar su frase, de repente se sacudió con violencia y estalló en llamas.

En unos segundos, el minotauro murió, con el cuerpo negro como el carbón.

Jaime frunció las cejas con fuerza al verlo.

Dándose la vuelta para mirar a Malphas, que ya estaba muerto de miedo, Jaime preguntó con frialdad:

—¿Cuántos de estos monstruos tienen?

De vez en cuando caían gotas de agua del techo del calabozo, lo que explicaba la humedad del interior.

Había tanta humedad que las paredes de piedra estaban cubiertas de musgo. El lugar estaba en pésimas condiciones.

A juzgar por el estado del calabozo, Jaime sabía por qué Quirino y los demás lo necesitaban para rescatar a sus familiares.

Nadie soportaría ver a sus familiares encerrados en un lugar así.

Jaime siguió avanzando por un túnel poco iluminado. Lo que le sorprendió fue que no hubiera trampas ni guardias en la mazmorra. El minotauro de la entrada era la única defensa.

—¿Es posible que esta mazmorra no tenga importancia? ¿Por qué no hay guardias ni trampas por el lugar? —murmuró Jaime en voz baja mientras avanzaba.

Había una mirada de cautela en los ojos de Zita mientras seguía de cerca a Jaime, protegiéndolo en todo momento.

Malphas, por su parte, no se atrevía a albergar malas intenciones a pesar de caminar detrás de Jaime.

Pronto, el camino de Jaime se vio obstruido por una puerta de bronce. De inmediato, Jaime supo que ése era el primer nivel de la mazmorra. Según Quirino, los miembros de su familia estaban en el tercer nivel, lo que significaba que el trío debía atravesar la puerta.

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