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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2511

—¡Apúrate y despierta, Jaime! ¡Por favor, ponte a salvo!

Emi sostenía en la mano el colgante de jade que Jaime le regaló una vez, con los ojos rebosantes de esperanza.

Esperaba que el hombre recobrara pronto el conocimiento. Si no se recuperaba, la culpa la perseguiría para siempre, ya que había sido él quien la había salvado.

Mientras ella aferraba el colgante de jade y rezaba para que despertara, el Poder de los Dragones y Fénix que selló en el colgante de jade salió y entró en su cuerpo.

El Poder de los Dragones y Fénix dio a su desmoronado cuerpo una pizca de energía, y Jaime abrió poco a poco los ojos.

—¿Dónde estoy?

Cuando lo hizo, descubrió que su mente estaba confundida y sus miembros débiles. Quiso incorporarse, pero en cuanto hizo fuerza, un dolor atroz recorrió todo su cuerpo.

No le quedaba energía en el cuerpo, y sus miembros parecían negarse a obedecer sus deseos.

Mirando el viejo techo, se dio cuenta de que se encontraba en una habitación.

A su lado, Emi se lanzó hacia él encantada al ver que había abierto los ojos. Mirándolo con alegría, exclamó:

—¿Estás despierto, Jaime? ¡Por fin estás despierto!

Jaime miró a la muchacha que tenía delante, totalmente desconcertado. Ya no la recordaba del todo, tenía una vaga impresión de las cosas cuando abandonó la Villa Roca porque sentía que nunca más tendría nada que ver con aquel pequeño pueblo de montaña.

—¿Ya no me recuerdas, Jaime? Soy Emi. Esto es Villa Roca —se apresuró a añadir Emi al ver la mirada perdida en su rostro.

Fue entonces cuando los recuerdos volvieron a Jaime. Después preguntó confundido:

—¿Por qué...? ¿Por qué estoy aquí, Emi?

Lo único que recordaba era haber sido arrastrado por una inmensa fuerza de succión, seguido de los gritos de Feenix, Josefina y los demás mientras lo perseguían por detrás.

No sabía que el agujero negro era un portal al Reino Etéreo, pero por lo que veía en ese momento, consideraba que ya estaba en el Reino Etéreo.

—Estabas muy malherido, Jaime. Ali, yo y unos cuantos más te encontramos cuando salimos de caza, así que te trajimos con nosotros. Llevabas tres días y tres noches inconsciente. Estaba tan preocupada de que no despertaras —explicó Emi.

«Estaba la restauración de la energía espiritual, la Secta Búsqueda Divina, luego la desaparición del SeñorSalazar...».

«Ahora que estoy en el Reino Etéreo, ¿dónde está el Arco Divino?».

Mientras decía eso, se apresuró a sacar el Arco Divino y devolvérselo al hombre.

Sin más, Ira le bloqueó el paso cuando acababa de llegar a la puerta.

—¡Jaime está despierto, abuela! Voy a llevarle su arma —exclamó Emi con alegría.

—Primero deja el arco donde está, Emi. Sal un momento. Tengo algo que preguntarle —ordenó Ira.

Al escuchar eso, Emi se enfadó.

«Es su arma. ¿Por qué no se le permite tenerla cuando la pide?».

Tras su inacción, la expresión de Ira se enfrió al instante y espetó:

—¡Sal!

Aquella reprimenda hizo que Emi diera un respingo asustada. En el segundo siguiente, las lágrimas corrieron por su rostro.

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