Jaime caminó hacia el campamento después de decir eso. Betel lo reprendió:
—Escúchame, este es el territorio de la manada Lobo Demoníaco. No te atrevas a pensar en escapar. En cuanto salgas del campamento, los Lobos Demoníacos de seguro irán por ti y te comerán vivo. Has tenido suerte de no habértelos encontrado esta vez.
Jaime ignoró a Betel. Cuando volvió al campamento, no dejaba de pensar en Lahual. Se preguntaba por qué Lahual lo estaba buscando.
«¿Es por el aura de bestia celestial que tengo?».
Betel miró a Jaime, que lo ignoraba. Una mirada asesina apareció en sus ojos. Los aldeanos como Jaime nunca podían ser groseros con gente como Betel.
Pasó la noche. Francis miró el polvo blanco que había esparcido antes de volverse hacia los demás.
—¿Quién estaba de turno anoche?
Los que habían sido elegidos para el turno de noche se presentaron, y uno de ellos era Jaime.
—¿Vino una bestia demoníaca anoche? —preguntó Francis.
Los demás negaron con la cabeza, pero Jaime asintió con la suya.
—En efecto. Una bestia demoníaca vino al campamento anoche.
—¿Qué clase de bestia demoníaca era?
La cara de Francis estaba bastante nerviosa.
—Un lobo demoníaco. Se acercó al campamento, pero se asustó y huyó —respondió Jaime con sinceridad.
Al escuchar que era un Lobo Demoníaco, Francis se puso menos tenso. Se sintió con claridad aliviado por la respuesta. Sin embargo, su reacción confundió a Jaime.
«¿No estamos en el territorio de la manada del Lobo Demoníaco? ¿Hay otras bestias demoníacas por aquí?».
—Muy bien, recoge tus cosas. Nos vamos...
Francis siguió recto.
—¡Vamos!
—Nunca conseguirás la Grus Divina con esta gente que has traído contigo.
—No necesitas preocuparte por si consigo o no la hierba. Estoy seguro de que tú también estás aquí por la Grus Divina. Pues bien, ¡a ver quién se queda con esa hierba mística! —declaró Francis, entrecerrando los ojos llenos de hostilidad.
—¿Quieres competir contra mí? —Chev se rio—. Escucha, tanto tú como yo nunca conseguiremos la Grus Divina porque he descubierto que la bestia espiritual que protege esa hierba mística es una bestia sanguinaria. Nunca seremos capaces de derrotarla.
Las palabras de Chev conmocionaron a la gente del grupo de Francis. Sabían que su objetivo era recolectar hierbas, pero no sabían nada sobre qué hierbas estaban recolectando y qué peligros correrían.
Ahora que se habían enterado de que estaban en un viaje para recoger una hierba mística que estaba protegida por una bestia sanguinaria, se dieron cuenta de que estaban arriesgando sus vidas.
Todos temblaban de miedo, pero no tenían otra opción. Ya habían llegado hasta ahí y no podían retroceder. Aunque quisieran retirarse, nunca podrían salir de las montañas.
Francis podía sentir el terror que irradiaba la gente que tenía detrás. Sabía que Chev decía esas cosas para asustarlos.
—Lo dices porque no puedes con ellos, pero que yo pueda o no con ellos es otra cosa que descubrirás muy pronto.
Los ojos de Francis estaban llenos de confianza. Había puesto esa mirada en parte para dar confianza a la gente que había ido con él.

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