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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2563

Julio no contestó, pero por su expresión de incomodidad era evidente que era muy consciente de lo que ocurría, sólo que prefirió ignorarlo.

Tras apartar a Julio, Jaime se apresuró hacia el patio.

—Señor Casas, Señor Casas…

Julio corrió tras Jaime, pero no se atrevió a detener a éste por la fuerza. Teniendo en cuenta lo respetuoso que era Yoel con Jaime, Julio sabía que se trataba sin duda de alguien de gran talla.

En el momento en que Jaime empujó la puerta del patio para abrirla, se quedó atónito ante el espectáculo que tenía delante. Una hermosa joven yacía en el suelo, con el cuerpo cubierto de horribles heridas.

La mujer estaba completamente desnuda y parecía muy débil. Justo a su lado había un anciano de aspecto despiadado con un látigo en la mano y los ojos brillantes de éxtasis.

El anciano sólo llevaba puesta la ropa interior, revelando su tez oscura.

La furia se encendió de repente en el interior de Jaime, que pudo distinguir con claridad que el anciano semidesnudo era el distinguido hombre que había mencionado Julio.

«¡Este hombre ya no es joven, pero está tan enfermo como para violar a una mujer con tanta brutalidad!».

El anciano se quedó atónito al ver entrar a Jaime, pero a continuación montó en cólera.

—¿Qué car*jo estás haciendo? ¡Fuera de aquí! No me estropees la diversión.

El viejo apenas había terminado cuando azotó con su látigo en dirección a Jaime.

Mientras un destello asesino brillaba en los ojos de Jaime, éste agarró el látigo y se enzarzó en una mirada fija con el anciano.

Arrugando las cejas en respuesta, el anciano disparó una ráfaga de energía a través del látigo contra Jaime.

—Señor Omega, por favor cálmese...

En ese mismo momento, Julio irrumpió en el interior para detener al anciano.

Después, se dio la vuelta y le dijo a Jaime:

—Señor Casas, por favor, déjelo. Esto no es más que un malentendido.

—Señor Pardo, ¿no es esta mujer ciudadana de Ciudad Imperial de las Bestias? ¿Cómo puede quedarse mirando cómo la golpean hasta este punto?

—Señor Casas, el señor Omega es nuestro invitado de honor. Tenemos que asegurarnos de que se satisfagan todas sus peticiones —explicó Julio con impotencia.

—¿Y qué? Traigan al Rey Yoel aquí. ¡Quiero ver cuán importante es este invitado! —Jaime enfureció sin control.

Consciente de que la situación le superaba, Julio ordenó a sus hombres que fueran a por Yoel.

Poco después, Yoel e Ivana se apresuraron a llegar al lugar.

Cuando vio que Jaime y Heru estaban casi peleando, Yoel supo que la situación se les había ido de las manos. Se acercó a Jaime y le preguntó:

—Señor Casas, ¿qué ha pasado aquí?

—¿No puedes verlo por ti mismo? ¿No es la mujer una de tus súbditas? ¿Cómo puedes permitir que la golpeen de esa manera? Si ni siquiera puedes proteger a tus propios ciudadanos, ¿cómo puedes llamarte rey?

Jaime se dirigió a Yoel en un tono demasiado severo, como si estuviera reprendiendo a un niño.

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