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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2591

Jaime se paró frente a Francis y Sigfrido, cuya aura estalló.

Apretaron con fuerza sus armas, dándose cuenta de que el aura de Jaime había vuelto a cambiar.

En pocos días, su poder había aumentado con bastante velocidad. De ser un miserable don nadie, ahora había ascendido al mismo nivel que ellos.

—Así que tú también eres un Manifestador escondido entre estos humildes campesinos —dijo Francis, evaluando a Jaime.

—Estos humildes campesinos de los que hablas poseen la misma carne y sangre que los tuyos. Hoy haré que te des cuenta de que eres el humilde campesino que dices que son —dijo Jaime con expresión fría.

Al percibir la escalofriante intención asesina de Jaime, Francis no se atrevió a hablar.

Sigfrido se adelantó frunciendo el ceño en ese momento.

—Así que, ¿tú eres Jaime? Soy el discípulo principal de la Secta del Caldero Esmeralda, Sigfrido Bilbao. Creo que ha habido un malentendido. ¿Por qué no vienes con nosotros a la Secta del Caldero Esmeralda? Estoy seguro de que mi maestro te aceptaría como su discípulo dado tu nivel de cultivo. Ser un discípulo de la Secta del Caldero Esmeralda es un honor como ningún otro. Mucho mejor que confraternizar con estos campesinos.

Habiendo percibido el aura y el poder de Jaime, Sigfrido tuvo la idea de reclutarlo.

Era casi imposible llegar a Manifestador de Octavo Nivel en una aldea tan empobrecida de las montañas.

Sigfrido desconfiaba de los antecedentes y el poder de Jaime.

—¿Un discípulo de la Secta del Caldero Esmeralda? —Jaime sonrió satisfecho—. Aunque tu maestro esté aquí, sólo es digno de arrodillarse ante mí. Intenta preguntarle si se atreve a aceptarme como su discípulo.

—¡Cómo te atreves a hablar de mi maestro con tanta insolencia! Incluso los reyes de por aquí son respetuosos con mi maestro. Te estás ganando la muerte al insultarlo, ¡pequeña mi*rda! —rugió Francis.

Un aura intensa y asesina, impregnada de olor a sangre, brotó de él y envolvió a Francis y Sigfrido.

«¡Villa Roca no habría perdido a tantos de sus aldeanos si no fuera por estos dos!».

Jaime estaba decidido a vengarlos.

—¿Vale la pena enemistarse con la Secta del Caldero Esmeralda por un puñado de campesinos, Jaime? —preguntó Sigfrido.

—¿Les llamas campesinos porque no son tan poderosos como tú? —Los ojos de Jaime eran fríos.

—Así es en el Reino Etéreo, donde la fuerza suprema reina. Quien no es fuerte no es más que un insecto al que exterminar a voluntad. Estas son las reglas del Reino Etéreo. Deben fortalecerse si no quieren ser campesinos. Nadie los obliga a ser lo que son. Tan solo no son lo bastante poderosos —argumentó Sigfrido, sintiendo que su punto de vista era válido.

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