Cuando Jaime y Gamaliel regresaron, fueron recibidos por una escena de caos absoluto en la base. Muchas casas se habían derrumbado y Abadías dirigía las tareas de limpieza. Los dos se quedaron estupefactos ante el espectáculo.
—¡Han vuelto, Señor Casas, maestro!
En cuanto Abadías vio que los dos hombres habían regresado, corrió de inmediato hacia ellos.
Gamaliel observó que el rostro de Abadías estaba lleno de moretes, lo que dejaba claro que éste había sufrido una paliza. Preguntó molesto:
—¿Qué ha pasado aquí, Abadías? Eres el discípulo mayor. Como tal, te confié la vigilancia del lugar. Y, sin embargo, ¿todo está en ruinas cuando sólo han pasado unos días?
Ante eso, lágrimas de agravio escaparon de los ojos de Abadías.
—Esto es obra de Bilu, maestro. Vino en busca del señor Casas, diciendo que quería recuperar su orgullo. Sin ustedes dos, ¡destruyó nuestras casas y nos dio una paliza! Sus capacidades eran demasiado poderosas, así que no fuimos rivales. Todo esto es culpa mía por no haber vigilado este lugar. Por favor, castígueme como crea conveniente, Maestro.
Al decir esto, cayó de rodillas ante su maestro.
Tras escucharlo todo, Gamaliel se sintió tan lívido que enrojeció de furia y todo su cuerpo tembló.
—¡Bilu ha ido demasiado lejos, sin molestarse en mostrarme ningún respeto! ¡Si no le doy una lección, nunca tendré un punto de apoyo en la Secta del Caldero Esmeralda de ahora en adelante!
Lleno de ira, se puso a buscar a Bilu para ajustar cuentas.
Sin embargo, Jaime lo detuvo, diciendo:
—Esto ha pasado por mi culpa, y lo arreglaré yo mismo.
Tras decir eso, desvió la mirada hacia Abadías y preguntó:
—¿Dijo algo Bilu antes de irse?
—Dijo que fuera a buscarlo al patio interior cuando volviera porque quiere batirse en duelo con usted en la arena. También dijo... También dijo…
—¿Qué más dijo? —Jaime presionó.
—También dijo que, si no se atreve a ir, vendrá a darnos una paliza una vez al día hasta que lo haga —murmuró Abadías.
«Así que Bilu incluso llegó a actuar contra los condiscípulos para obligarme a hacer acto de presencia. ¡Qué despreciable!».
En ese preciso momento, Sigfrido llegó a toda prisa. Se enteró de que Bilu había ido a buscarle problemas a Jaime e incluso había destruido las casas de Gamaliel y sus discípulos, así que se apresuró a llegar.
Desde que Jaime se convirtió en discípulo de Gamaliel, también había estrechado lazos con los demás discípulos de Gamaliel.
—¿A dónde va, Señor Casas? —Sigfrido preguntó al ver a Jaime.
—El señor Casas va a buscar a Bilu —intervino Abadías.
—Bilu ha penetrado en el Reino de la Fusión Corporal, Señor Casas. Además, el Señor Erazo debe haberle ordenado hacer esto. Creo que será mejor que se espere por el momento. Si el asunto se le fuera de las manos, podría afectar a la apertura de la piscina medicinal...
Sigfrido aconsejó a Jaime que no tomara represalias, consciente de que éste había ido a la Secta del Caldero Esmeralda por la piscina medicinal.
—No te preocupes. Sé lo que estoy haciendo. ¿Y qué si Bilu ha penetrado en el Reino de la Fusión Corporal? —Jaime se burló.
«No tengo miedo de Bilu cuando acaba de avanzar al Reino de la Fusión Corporal. Ni siquiera tendría miedo de alguien en el Tercer Nivel del Reino de la Fusión Corporal, ¡y mucho menos de un novato!».

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