—¡Nadie puede detenerme hoy! ¡Escuchen, discípulos míos! ¡Mátenlos a todos para vengar la muerte de su superior!
En ese momento, Ebenezer se había vuelto loco. ¡Incluso recurrió a ordenar a sus propios discípulos que atacaran a los discípulos de Gamaliel!
La muerte de Bilu había conmocionado a Ebenezer, encendiendo en él una rabia incontrolable.
Cuando Jaime vio esto, su aura surgió y el Poder de los Tres empezó a extenderse hacia sus alrededores.
Jaime no quería ver a los discípulos de la Secta del Caldero Esmeralda luchando entre sí. Esas luchas internas sólo conducirían a la destrucción mutua, y eso retrasaría la activación la piscina medicinal.
Eso no era lo que él quería. Además, tenía planes para apoderarse de la Secta del Caldero Esmeralda en su propio beneficio. Si la secta terminaba arruinada, no serviría a sus intereses en absoluto.
Así pues, decidió intervenir y unirse a Gamaliel para hacer frente a Ebenezer. Mientras sometieran a este último, la lucha cesaría.
Sin embargo, justo cuando Jaime estaba a punto de actuar contra Ebenezer, un aura intensa los envolvió a todos. Todos se congelaron y miraron al cielo con asombro.
—¡Discípulos desagradecidos! ¿Se atreven a causar conflictos dentro de la Secta del Caldero Esmeralda en lugar de llevarla a mayores alturas?
Una voz fuerte y enfurecida resonó en el aire. A continuación, una serie de luces brillantes surcaron el cielo desde la parte trasera de la secta antes de que una figura anciana emergiera del resplandor.
El anciano vestía una túnica gris e irradiaba un aura formidable.
En el aire, miró a todos los que estaban debajo de él con ira en los ojos.
Con un gesto de la mano, una presión impactante descendió sobre todos ellos, y todos cayeron de rodillas al instante.
Jaime se esforzó por resistirse a la aterradora fuerza que lo presionaba para que se sometiera, pero aun así acabó cayendo de rodillas al suelo.
—Octavo Nivel del Reino de la Fusión Corporal…
Jaime sintió la fuerza del nivel de cultivo del anciano. Aunque quiso resistirse, se vio impotente para hacerlo.
De hecho, aunque llegara al Reino de la Fusión Corporal, no tendría ninguna oportunidad contra un experto de Octavo Nivel.
—H…Helio…
«¿Helio?».
Al escuchar esto, Ebenezer se apresuró a explicar:
—Helio, no es así en absoluto. Fue el discípulo de Gamaliel quien mató a mi discípulo mayor y le cortó la cabeza, así que tuve que tomar medidas.
—Fue un duelo a muerte. Se dijo claramente antes de que pisaran la arena que uno de ellos debía morir. Tú...
Gamaliel quiso replicar, pero antes de que pudiera terminar sus palabras, Helio agitó la mano. Tanto Gamaliel como Ebenezer salieron volando por los aires antes de estrellarse con fuerza contra el suelo.
—No quiero escuchar sus tonterías. Como ancianos, si no pueden dar ejemplo a los demás, ¿de qué me sirven? —dijo Helio con frialdad.
Ante estas palabras, Ebenezer y Gamaliel se pusieron pálidos. Se apresuraron a caer de rodillas de nuevo y se disculparon desesperados ante Helio.
—Helio, por favor, cálmate. Nos equivocamos, y no nos atreveremos a hacerlo de nuevo. Por favor, danos otra oportunidad... —Ebenezer y Gamaliel suplicaron desesperados.
—En consideración a que ésta es su primera ofensa, no los castigaré con demasiada dureza. Cada uno de ustedes recibirá cincuenta bofetadas en la cara —ordenó Helio.
Ebenezer y Gamaliel se alegraron mucho de este castigo algo indulgente. De buena gana empezaron a golpearse en la cara. Al fin y al cabo, era mucho mejor que perder la vida.

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