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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2709

Mientras tanto, Yoel había traído a Zandro de vuelta a la Ciudad Imperial de las Bestias.

Para demostrar su sinceridad, Zandro llevó toneladas de regalos y se hizo acompañar de decenas de sus súbditos.

Tigro, el general de la guardia real de la Ciudad Imperial de las Bestias los recibió en persona cuando llegaron a la puerta.

Sin embargo, su expresión cambió al ver a Zandro.

Sabía cuánto le gustaba Ivana a Zandro, y también sabía que Yoel pretendía que Ivana se casara con Zandro.

Por ello, Tigro supuso que Zandro debía de haber ido a casarse con Ivana al ver la enorme cantidad de regalos.

Por desgracia para Tigro, su estatus como guardia real era demasiado bajo comparado con el de Zandro, que era un príncipe.

Como no quería quedarse a ver cómo Zandro se casaba con Ivana, Tigro se marchó con cara de mal humor después de llevar a Yoel y Zandro a la ciudad.

Ivana vino corriendo cuando vio que Yoel había vuelto.

—Padre, ¿has vuelto? ¿Dónde has estado? ¿Por qué no me llevaste contigo?

—¡Ivana! —la llamó con alegría Zandro nada más verla.

Sin embargo, cuando Ivana vio a Zandro, la sonrisa de su rostro desapareció en un instante.

—¿Zandro? ¿Qué haces aquí, en la Ciudad Imperial de las Bestias? —preguntó con expresión gélida.

—¿Cómo puedes hablarle así a Zandro, Ivana? Fui a Ciudad Nortera a hacer una propuesta de matrimonio en tu nombre. Zandro volvió conmigo para casarse contigo —dijo Yoel.

Ivana frunció el ceño al escuchar aquello.

—¿Quién te dijo que me casaras con Zandro, padre? ¡Ni siquiera me cae bien! ¿Me pediste siquiera mi opinión antes de tomar esa decisión? De todos modos, ¡no voy a casarme con Zandro! ¡Puedes casarte con él si tanto te gusta! Ya tengo a alguien que me gusta —le espetó Ivana antes de marcharse enfadada.

Yoel pasó el día siguiente descansando. Lo único que quería era que Ivana cambiara de opinión y se casara con Zandro para que Ciudad Imperial de las Bestias pudiera aliarse con Ciudad Nortera.

Si las dos ciudades unían sus fuerzas, él y su pueblo ya no tendrían nada que temer. Además, Yoel también sería lo bastante poderoso como para expandir su territorio atacando y conquistando los de los demás arcontes.

Yoel estaba a punto de dormirse cuando entró Julio e informó:

—Majestad, el señor Casas solicita verlo.

Al escuchar que Jaime estaba ahí, Yoel se puso en pie de un salto y salió corriendo por la puerta.

Mientras los demás desconocían la identidad de Jaime, Yoel sabía perfectamente que él era el señor, así que no se atrevió a hacer esperar a Jaime.

Julio llevaba la confusión escrita en la cara cuando vio a Yoel salir corriendo al encuentro de Jaime. No entendía por qué Yoel respetaba tanto a Jaime como para recibirlo en persona.

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