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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2735

Sin embargo, aquel aterrador golpe fue desbaratado sin esfuerzo por Jaime mediante un golpe de espada.

Zivon se quedó estupefacto. Retiró rápido la mano y rechazó el ataque. De lo contrario, habría sido cortado por la mitad por ese golpe.

¡Clang!

Un fuerte estallido partió el aire cuando la luz de la espada cayó sobre el escudo que había desatado, y el inmenso poder le hizo retroceder de inmediato.

Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, otro rayo de luz salió de Jaime.

Enseguida agitó las manos, formando escudo tras escudo frente a él para bloquear el ataque de Jaime.

Pero fue en vano. Seguía retrocediendo a trompicones, pero los ataques de Jaime continuaban sin cesar mientras el hombre le lanzaba rayo tras rayo de luz.

Al final, fue derrotado una vez más. Cayó al suelo y rodó a cierta distancia.

Al ver que Zivon había sido por completo derrotado, Jaime al final dejó de atacar. Esta vez, sujetó al hombre a punta de espada y le espetó:

—¿Y bien? ¿Te has vuelto a descuidar esta vez?

Esa pregunta hizo que Zivon se sonrojara de inmediato. A su lado, Violeta y los demás estallaron en carcajadas.

Tras presenciar la facilidad con la que Jaime se enfrentó a Zivon, se relajaron y observaron el enfrentamiento con gran interés.

Por el contrario, Heru y los soldados bestia de Ciudad Nortera parecían tan sombríos como siempre cuando vieron que Zivon volvía a rodar hacia ellos como un boliche, igual que antes.

—¿Cómo te atreves a humillarme, Jaime? ¡Te voy a matar! —rugió.

—Jaja, ¿y qué si lo hago? Antes también amenazaste con matarme varias veces. ¿Acaso no sigo aquí de pie, vivito y coleando? —Jaime soltó una carcajada burlona.

Zivon se puso tan lívido que casi se le revienta un vaso sanguíneo. Con innumerables personas como testigos, incluidos los numerosos soldados bestia bajo su mando, se sintió mortificado hasta la médula.

—Me has enfurecido por completo, Jaime. Te haré ver las consecuencias —siseó con los dientes apretados, los ojos entrecerrados y el rostro contorsionado en una máscara asesina.

—Lo he estado haciendo todo el tiempo. Si tienes algún otro as en la manga, adelante, suéltalo. Incluso sin la Espada Matadragones, puedo limpiar el suelo contigo. Si no quieres morir en desgracia, puedes quitarte la vida autodestruyéndote. Así te irás de mártir y tendrás una muerte gloriosa. —Jaime siguió provocando y burlándose del hombre.

Por fin, Zivon estalló. Sintiendo como si sus pulmones estuvieran a punto de romperse, soltó un sonoro bramido. En un instante, las runas de su cuerpo volaron por los aires. A continuación, varios rayos de luz brillaron sobre él y empezó a temblar sin cesar.

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