—Hmph, ¿y qué si puede luchar por encima de su nivel? ¡No le tengo miedo en absoluto!
Nimbus soltó un bufido antes de escrutar a Violeta con la mirada.
—Nena, no me suenas. ¿De dónde eres? ¿Quieres que te haga pasar un buen rato?
—¡Idiota desvergonzado! —espetó Violeta mientras ponía los ojos en blanco.
—Jajaja, vaya carácter que tienes, nena, pero me gusta esa actitud. Soy el vástago de la Secta Estelar. Disfrutarás de una vida de lujo si vienes conmigo. Estoy seguro de que será mucho mejor que quedarte con ese cultivador del Reino de Fusión Corporal de Segundo Nivel, ¿no? —sugirió Nimbus con una mirada sórdida.
¡Pfff!
Violeta escupió en respuesta.
—¿Tienes ganas de morir? —preguntó Jaime con una mirada gélida.
Nimbus se quedó brevemente estupefacto antes de soltar una sonora carcajada.
—¿Qué has dicho, chico? ¿Yo? ¿Tener ganas de morir? Jajaja, ¿estás bromeando? No eres más que un cultivador del Reino de Fusión Corporal de Segundo Nivel. ¿Cómo te atreves a hablarme así? Créeme cuando te digo que puedo aplastarte con una sola mano.
—¡Pues no te creo! —Jaime negó con la cabeza.
—¡Parece que en realidad necesito demostrártelo!
Mientras hablaba, Nimbus estaba a punto de arremeter contra Jaime cuando Temán lo detuvo.
—Cálmese, señor Santini. Pelear no está permitido en Jeriva. Este tipo sólo lo está provocando para que lo ataque. Por lo tanto, no podemos morder su anzuelo. Si nos encuentran peleando aquí, seríamos duramente castigados y expulsados de la ciudad.
El consejo hizo que Nimbus retirara la mano antes de lanzar a Jaime una mirada penetrante.
—Chico, aquí sólo puedes comportarte con impunidad. Una vez estemos fuera de Jeriva, ¡definitivamente te mataré por liberar a los tres wyverns de la Secta Estelar!
—¿Oh? ¿No te atreves a pegarme? —se burló Jaime.
—¿Te atreves? Si te atreves, ven entonces. ¡Pégame aquí mismo!
¡Plaf!
—¡Señor Santini! Señor Santini... —Temán y la anciana se apresuraron al lado de Nimbus para ayudarle a levantarse.
Mientras tanto, Jaime salió de la habitación.
En cuanto a los demás presentes en la sala de estar, también salieron en tropel, con la esperanza de seguir el desarrollo del drama.
—¡Argh, cabr*n! ¿Cómo te atreves a pegarme? Te mataré, aunque sea lo último que haga —Nimbus tronó.
Se sintió completamente humillado de que un cultivador del Reino de Fusión Corporal de Segundo Nivel como Jaime lo abofeteara a él, un cultivador del Reino de Fusión Corporal de Séptimo Nivel, delante de todos antes de mandarle a volar con una patada.
—Señor Santini, ¡debe calmarse! Por favor, no se mueva. Los guardias de Jeriva llegarán en cualquier momento —suplicó Temán mientras sujetaba desesperado a Nimbus.
Apenas habló, unos cuantos guardias blindados de Jeriva irrumpieron en el patio con las armas en la mano.
—¿Quién inició una pelea aquí? —preguntó uno de los guardias.
—Fue él. Fue él quien golpeó al señor Santini —dijo Temán señalando con el dedo a Jaime.

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