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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2898

El enfado de Marón se disipó al ver la acción de Quirina.

—¿Es por las dos chicas? —preguntó Marón.

—Marón, ¿tú sabes de eso? —Una sonrisa tímida apareció en el rostro de Quirina.

—¿Hay algo en la Residencia Kus que yo no conozca? —respondió Marón, riendo entre dientes.

—Escucha, si lo sabías, ¿por qué no interviniste cuando Karim las capturó y casi se les echa encima? Gracias a Dios que llegué allí lo bastante rápido, si no Karim se habría salido con la suya. ¡Karim es demasiado perverso! Si lo veo por ahí, ¡voy a empezar a gritarle! —refunfuñó Quirina.

—Tienes razón. Es hora de que intervenga en los asuntos de Karim, pero no deberías gritarle tan a menudo. Después de todo, es tu hermano mayor. Pronto encontraré una esposa para tu hermano. Quizá cambie un poco de actitud —le dijo Marón.

—Marón, ¿cuándo vas a encontrar esposa, entonces? —preguntó Quirina.

—No se preocupen por mí. Ya paso la mayor parte del tiempo preocupado por todos ustedes. ¿De dónde iba a sacar tiempo para buscarme una esposa? Si quieren salir, vayan a buscar al señor Ambrosio y que asigne a unas cuantas personas para que los custodien. Además, consigue unas cuantas placas de formación protectoras más del almacén. Debes tener cuidado y no meterte en líos. Se me romperá el corazón si te hacen daño —murmuró Marón, exasperado.

—¡Gracias, Marón! ¡Te quiero!

Quirina dio un beso en la mejilla de su hermano antes de salir a toda velocidad.

Marón sólo pudo sonreír impotente ante la figura de Quirina que desaparecía. Quería tanto a su hermana que no tenía más remedio que mimarla.

Tras tomar las placas de formación y conseguir que le asignaran unos cuantos guardaespaldas, Quirina salió de la Residencia Kus en busca de la cueva que mencionaron Feenix y Aislin.

Mientras tanto, Jaime y los demás caminaban por terrenos helados.

De vez en cuando, veían algunos cuerpos de cultivadores.

La antaño pacífica tierra del lejano norte se había convertido ahora en una tierra de derramamiento de sangre. El egoísmo nació en tiempos de codicia.

—Debemos tener cuidado y evitar los conflictos en la medida de lo posible. Nuestro objetivo es buscar el tesoro, no competir por los recursos —susurró Jaime.

Al ver a Jerico, Basilio hizo una mueca.

—Nunca pensé que nos volveríamos a encontrar. Nada menos que en mi territorio.

Jerico sonrió satisfecho mientras miraba a Jaime.

Jaime lanzó una breve mirada a Jerico antes de desviar su atención hacia los individuos que estaban detrás de él. Eran meros cultivadores del Quinto Nivel del Reino de la Fusión Corporal y, por tanto, no suponían una amenaza para Jaime.

Aunque Jaime no hiciera nada, Nimbus, como cultivador del Séptimo Nivel del Reino de la Fusión Corporal, sería capaz de enfrentarse a ellos.

—En efecto, qué coincidencia. ¿Estabas aquí escondido esperándome? —preguntó Jaime, sin atisbo de pánico en su voz.

—Correcto. Te he estado esperando. Aún tengo que ajustar cuentas por aquel incidente en la arena de Jeriva —siseó Jerico, entrecerrando los ojos con una mirada gélida.

—¿Y? ¿Crees que tú y tus hombres pueden detenerme? —preguntó Jaime en burla.

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