¡Prum!
De repente, retumbó un trueno y un rayo descendió del cielo.
Jaime fue alcanzado por la tribulación del rayo, y ahora se encontraba en el Quinto Nivel del Reino de la Fusión Corporal.
Lentamente, Jaime abrió los ojos y en ellos brilló un destello agudo.
Su aura sufrió una transformación, lo que significaba otro paso importante en su crecimiento. Cada aumento de nivel suponía un cambio profundo para Jaime.
—¡Jaime!
De inmediato, las chicas lo rodearon encantadas.
Yoel se acercó a él y saludó cortésmente:
—Está despierto, señor Casas.
A Jaime le sorprendió la presencia de Yoel.
—Yoel, ¿por qué estás aquí? El veneno...
Fue en ese momento cuando Jaime se dio cuenta de que el aura de Yoel no estaba suprimida. Se había recuperado por completo.
—Me he recuperado por completo. Fue la condesa de Jeriva quien me trató —dijo Yoel al instante.
—¿Aún no le he dado la Píldora Alma de Hielo y ya te ha tratado? —Jaime encontró esta situación desconcertante.
—La condesa de Jeriva dice que confía en usted. Se deshizo de mi veneno cuando se fue —respondió Yoel.
A Jaime le invadió un sentimiento de culpa.
«Si hubiera tomado la Píldora Alma de Hielo justo ahora, ¿cómo le explicaría las cosas más tarde? Parece que tendré que cumplir mi promesa cueste lo que cueste, o llevaré esta culpa conmigo».
—Señor Casas, ¿cómo debemos tratar con Faetón? —preguntó Nimbus.
Jaime miró y vio a Faetón tendido en el suelo, cubierto de magulladuras. Aunque no corría peligro inmediato, era evidente que había sufrido mucho.
—¿Quién le hizo eso? —Jaime estaba confundido al ver que golpeaban a Faetón.
Jaime tenía la corazonada de que no había sido Yoel quien le había infligido aquel castigo, pues no era de los que se comportaban así.
—Nosotras lo hicimos. Era un arrogante y queríamos darle una lección —dijeron las chicas a coro.
Jaime se fijó por fin en la herida del cuerpo de Quirina y frunció el ceño.
Aun así, advirtió:
—Pertenezco a la Alianza del Sello Demoníaco. Si me matas, te enfrentarás a severas consecuencias.
La expresión de Jaime era gélida.
¡Plaf!
Le dio una bofetada a Faetón sin previo aviso.
—Severas consecuencias, ¿eh?
¡Plaf!
Otra bofetada cayó sobre la cara de Faetón.
Faetón hervía de ira tras recibir dos bofetadas de Jaime, pero no se atrevió a tomar represalias, sobre todo porque Yoel los vigilaba de cerca.
Con la mandíbula apretada, Faetón pronunció:
—Jaime, tu arrogancia se debe únicamente a que tienes a alguien que te respalda. Si estuvieras solo, te tendría de rodillas para lamerme las botas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)
Inclusive tirei prints, enviei e o suporte sequer responde....
A partir do capítulo 4000, aparece para desbloquear por 9 moedas, confiram porque estão cobrando 34 moedas por capítulo, absurdo, estão roubando, desconfiei e comecei a contar as moedas....