—¡Ja, ja, tonto! Hay mucho más de donde vino eso. Todo fue una actuación para engañarte y que liberaras toda tu aura marcada —dijo Jaime mientras se reía.
—¿C…cómo te enteraste del aura marcada? —Los ojos de Remo se abrieron de par en par, asombrado, pues el aura marcada era una forma de aura que manejaban los del linaje de Hadad. Les permitía invocar espíritus y resucitar a los muertos.
Por lo tanto, no esperaba que Jaime lo supiera.
—Lo sé porque yo también la tengo.
Apenas Jaime terminó, un aura marcada comenzó a emanar de su cuerpo y, en un abrir y cerrar de ojos, encapsuló en ella a Remo y a Zandro.
Sintiendo el aura marcada de Jaime, Remo habló con asombro.
—¿También eres discípulo de Hadad?
Jaime se burló:
—Bah, no soy discípulo de Hadad. En cambio, le salvé la vida a ese viejo carcamal. Lógicamente, deberías arrodillarte ante mí, ya que soy su salvador.
Era evidente que Remo no creía a Jaime. Mirando con atención a éste, dijo:
—Así que resulta que estuviste fingiendo todo el tiempo para poder absorber el aura marcada. No me extraña que no permitieras que otros te ayudaran.
—Por fin te has dado cuenta de la verdad, pero es demasiado tarde —se regodeó Jaime.
—Puesto que posees el aura marcada del linaje de Hadad, se te considera parte de él, aunque no seas un discípulo. Por eso, ambos compartimos un vínculo. ¿Por qué no tratamos lo ocurrido hoy como un malentendido? Si me liberas, informaré al rey Leuco y haré que te perdone. Tienes que darte cuenta de la situación ahora. La Ciudad Imperial de las Bestias está en las últimas y ponerte de su lado sólo te llevará a la perdición —persuadió Remo a Jaime.
Jaime no podía creer lo ingenuo que era Remo por esperar que Jaime lo dejara ir.
—Hahah, en verdad no tienes ni idea. Si Hadad supiera que tiene un discípulo tan estúpido como tú, se exasperaría. Los he hecho prisioneros a los dos, ¿y aun así se atreven a exigirme algo?
Justo en ese momento, Jaime se agarró al aire, haciendo que Remo volara hacia su agarre. Al igual que un cordero en espera de ser sacrificado, Remo tenía cero capacidad de resistencia.

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