Mirto aún no estaba inconsciente cuando Jaime lo salvó, así que supo que Jaime era su salvador.
—No hace falta ser tan educado, Don Guso. Sólo hice lo que pude. —Jaime sonrió sin fuerza y luego preguntó—: Don Guso, ¿cómo se siente su cuerpo ahora?
—Me siento bastante bien… —Mirto no entendía lo que Jaime quería decir.
—Don Guso, ¿se ha peleado con alguien y ha resultado herido en los últimos días? —preguntó Jaime.
Mirto se sorprendió, pero se limitó a mirar a Jaime, confundido.
Por el contrario, Isela se mostró contrariada.
—¿Qué estás diciendo? ¿Cómo podría alguien herir a mi abuelo? Además, no se ha peleado con nadie recientemente. No digas tonterías.
Jaime ignoró a Isela y siguió mirando a Mirto, esperando la respuesta de Mirto.
Después de un momento, Mirto habló.
—¿Cómo lo sabes?
Jaime reveló con calma:
—Hay una intención letal en su cuerpo. Es obvio que los demonios lo hirieron cuando luchó con ellos. Ha estado suprimiendo esta intención letal con su propia aura. Por eso nadie lo notó, y yo tampoco lo percibí. Pero cuando fue golpeado por esos pájaros quinticolores, esta intención letal no pudo ser suprimida y estalló, causando que se desmayara. Si fuera una simple herida, no sería tan grave. Ahora que ha tomado las píldoras, aunque se siente bien, la intención letal de su interior no se ha eliminado. Dentro de una hora, sus meridianos se romperán, y ni siquiera los inmortales podrán salvarlo.
Todos los presentes se quedaron boquiabiertos al escuchar aquello.
Ninguno de ellos había escuchado que Mirto hubiera luchado con los demonios, y mucho menos que hubiera resultado herido por ellos.
—Joven, admito que tienes algunas habilidades. Si no, no te atreverías a salir de la aeronave y enfrentarte a esos pájaros. Pero no te confíes demasiado. No tengo heridas y no he luchado contra los demonios. Es imposible que los demonios me hieran —dijo Mirto con expresión contrariada.
La exposición pública de Jaime le había hecho quedar mal, disminuyendo su autoridad a los ojos de los demás.
—Don Guso, yo… —Jaime quiso dar más consejos, pero Mirto se dio la vuelta y se alejó.
Sosteniendo una daga negra, Isela apuntó directamente a Jaime.
—Mocoso, cierra la boca. Si te atreves a maldecir a mi abuelo, te quitaré la vida.
Jaime suspiró y no dijo nada más. Si Mirto no hubiera mostrado un lado relativamente amable, Jaime no se habría molestado.
Como estaba claro que Mirto no quería revelar su lesión, Jaime dejó pasar el asunto. Sin embargo, la aeronave estaba rodeada de pájaros quinticolores, lo que les impedía avanzar. Si no podían eliminar o desviar a estos pájaros, quedarían atrapados ahí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)
Inclusive tirei prints, enviei e o suporte sequer responde....
A partir do capítulo 4000, aparece para desbloquear por 9 moedas, confiram porque estão cobrando 34 moedas por capítulo, absurdo, estão roubando, desconfiei e comecei a contar as moedas....