—¿Quiénes son esas personas? —preguntó Jaime confundido.
—Un grupo de Cultivadores Demoníacos. Han estado aquí en el Monte Carmesí durante muchos años, pero los dejé tranquilos ya que nunca nos atacaron. Después de todo, el Monte Carmesí es vasto, por lo que tener un grupo de Cultivadores Demoníacos aquí no nos afectaría en verdad. Sin embargo, ¡no esperaba que crearan velos venenosos para confundirnos! —exclamó enfadado el Rey Tigre.
—¿Hay Cultivadores Demoníacos aquí en esta montaña? ¡Esos tipos están en todas partes! —dijo Jaime. «¡Parece que uno puede encontrar Cultivadores Demoníacos en cualquier lugar que sea un poco remoto y apartado!».
—¡Gracias por ayudarnos, joven! Si no, nos habríamos enemistado con ustedes, cultivadores humanos. Iré a darles una lección a esos b*stardos! —El Rey Tigre dijo y se preparó para irse con los otros tigres.
—¡Espera! Ya que llevas tanto tiempo viviendo en el Monte Carmesí, ¿has visto alguna piedra espiritual o hierba mística con energía celestial? —Jaime llamó al Rey Tigre.
El Rey Tigre se volvió cauteloso en cuanto escuchó a Jaime mencionar la energía celestial. Sacudió la cabeza y dijo:
—No, y te aconsejo que no creas rumores con tanta facilidad. No hay energía celestial aquí en el Monte Carmesí.
A continuación, el Rey Tigre se llevó a sus subordinados.
Jaime no pudo evitar la sensación de que la criatura le ocultaba algo.
«Apuesto a que conoce la energía celestial y no quiere decírmelo».
Cuando los tigres plateados se marcharon, Jaime percibió la ubicación de Mirto y corrió tras ellos.
«Si hay Cultivadores Demoníacos aquí en esta montaña, ¡entonces la situación es mucho más peligrosa de lo que esperaba! Las bestias demoníacas pueden ser fáciles de tratar, ¡pero los Cultivadores Demoníacos no son fáciles!».
Mirto y los demás se sobresaltaron cuando vieron que Jaime los alcanzaba.
—¿Se encuentra bien, joven? —preguntó Mirto, con un deje de preocupación en la voz.
—¡Estoy bien! —respondió Jaime con una leve sonrisa.
Jaime frunció el ceño al escuchar eso. Tuvo un mal presentimiento cuando recordó la presencia de Cultivadores Demoníacos en la montaña y cómo Romeo no tomó las píldoras.
—Oh, no… —murmuró Jaime frunciendo el ceño.
—¿Qué pasa? —preguntó Mirto confundido.
—Hay Cultivadores Demoníacos en el Monte Carmesí. Ese velo venenoso que vimos antes no era natural. Fue hecho por el hombre. Ellos también conocen nuestra ubicación. Por eso el velo venenoso se desvió hacia nosotros —explicó Jaime.
—¿Qué? ¿Quieres decir que alguien hizo ese velo venenoso? ¡Pero el Señor Checo había elegido la ruta que tomamos basándose en sus muchos años de experiencia! Es la ruta más segura y aislada posible. ¿Cómo podría saberlo otra persona? —exclamó Mirto con incredulidad.
«Seguimos a Heraldo hasta la región sur porque conocía el lugar como la palma de su mano. Todo ha ido siempre bien, así que ¿por qué iba a pasar esto ahora?».
—No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero creo que alguien de nuestro grupo expuso en secreto nuestra ubicación. Ustedes podrán descansar aquí mientras yo voy a buscar al señor Checo y a Kira —transmitió Jaime antes de partir en busca del dúo formado por padre e hija.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)
Inclusive tirei prints, enviei e o suporte sequer responde....
A partir do capítulo 4000, aparece para desbloquear por 9 moedas, confiram porque estão cobrando 34 moedas por capítulo, absurdo, estão roubando, desconfiei e comecei a contar as moedas....