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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3305

—Así es. Puede que sean Cultivadores Demoníacos, pero cumplirán su promesa. Estará bien siempre y cuando coopere —dijo Romeo con descaro.

—¡A la mi*rda con eso! ¡Nunca trabajaré con Cultivadores Demoníacos! —Heraldo gritó con rabia y trató de atacar a Romeo de nuevo.

A pesar de estar herido, Heraldo seguía siendo demasiado rápido y poderoso.

—¡No creas que no puedo matarte simplemente porque estoy herido, pedazo de mi*rda! Le haré un favor a tu familia ayudándoles a limpiar su casa —Heraldo rugió, liberando una potente ráfaga de aura contra Romeo.

Para esquivar el ataque de Heraldo, Romeo tuvo que retroceder y rodar por el suelo tres veces.

—¡Voy a morir si no me ayuda, Señor Godo! —Romeo gritó aterrorizado.

Al escuchar eso, Aníbal condujo a sus hombres a campo abierto. De pie junto a Aníbal estaba Jano.

Heraldo retrocedió por instinto al ver al grupo de gente que tenía delante.

Mientras tanto, Romeo recuperó el equilibrio y se acercó a Aníbal, diciendo:

—Heraldo está herido, señor Godo. No representa ninguna amenaza para usted.

—¡Romeo, cabr*n! —Kira gritó furiosa, con la cara enrojecida.

—El señor Godo no les hará daño mientras cooperen, Kira —añadió el hombre con un toque de suficiencia.

—¡J*odete! —Kira escupió al suelo con asco.

—Nos volvemos a encontrar, señor Checo —le espetó Aníbal a Heraldo.

Heraldo miró con cautela a Aníbal mientras replicaba:

Kira sacudió la cabeza con lágrimas en los ojos.

—¡No voy a ninguna parte, papá!

—¡Vete ahora que aún puedo protegerte! —gritó Heraldo, dando un fuerte empujón a su hija.

—¡Ja! ¡Ninguno de ustedes va a ninguna parte! —Romeo dijo con una mirada despiadada.

—¡B*stardo! Te mataré, aunque muera haciéndolo. —Heraldo estalló de ira, activando toda su aura.

Lo canalizó todo en la espada mágica roja, haciendo que brillara más y emitiera un aura aterradora en todas direcciones.

—¡Heraldo es un verdadero tesoro viviente! Esa espada mágica suya no es un objeto mágico ordinario. Parece que tengo buen ojo para los tesoros. —Los ojos de Aníbal brillaron con codicia mientras agitaba con suavidad los brazos, envolviendo a Heraldo y Kira en una niebla.

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