Roseta se sintió aliviada al ver los cambios en el aspecto de Catina.
—Dicen que te cultivas chupando la esencia de los hombres. También dicen que eres demasiado despiadada y que matarías a cualquiera en cuanto te viera. Ah, y que también comes niños…
La sonrisa de Catina se desvaneció en cuanto escuchó a Roseta mencionar lo de comer niños, y su expresión se ensañó de repente.
Roseta se puso tensa y empezó a sudar frío al ver aquello.
—¡Esos malditos bast*rdos! Como si difundir rumores de que me acuesto con cualquiera no fuera suficiente, ¿hasta me acusan de comerme a los niños? Yo enseño a los niños, ¡así que de ninguna manera me los comería! ¡Esos viejos cabr*nes están celosos de que sea tan poderosa como ellos! ¡Por eso andan esparciendo rumores sobre mí! ¡Si descubro quién me acusó de comer niños, le despellejaré vivo!
Catina tenía los ojos desorbitados de furia y parecía a punto de matar a alguien.
Pasó un buen rato antes de que el enfado de Catina se calmara. Entonces le dedicó otra leve sonrisa a Roseta y le preguntó:
—¿Tengo un aspecto tan aterrador como dicen los rumores?
Roseta negó con la cabeza.
—N-No, no lo tiene…
—¡Jajaja! ¡Eres demasiado pura e ingenua! ¿Pensaste que soy una buena persona tan solo porque te sonreí? Sinceramente, ¡no entiendo por qué tu padre dejaría a una chica inocente y pura como tú en un lugar como este! No hay reglas aquí en este Campo de Batalla Celestial. Dada tu fuerza actual, ¡eres prácticamente un blanco fácil si te encuentras con los malos aquí! ¿Qué haces sola en esa cueva? ¿Por qué no estás con tu padre? —preguntó Catina.
—Yo... estoy esperando a mi padre y a los demás. Se fueron a buscar objetos mágicos. He tenido que esperar aquí porque estoy demasiado débil para ir con ellos. No tardarán en volver —respondió Roseta mientras echaba miradas instintivas a la cueva.
Catina vio a través de las mentiras de Roseta y preguntó riendo:
—¿Qué hay dentro de esa cueva? ¿Son los objetos mágicos que has encontrado?
Roseta negó profusamente con la cabeza.
—¡No hay nada dentro!
Naturalmente, Catina no le creyó ni una palabra. Cuando Catina empezó a dirigirse hacia la cueva, Roseta se puso delante de ella para bloquearle el paso.

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