—Muy bien, guiaré a nuestra familia con el Señor Federico —asintió Tiberio, luego se volvió hacia Jenifer y Jabín, instruyéndolos—: Ustedes dos quédense quietos y no se alejen. Asegúrense de esperar a que salgamos.
Tiberio no permitió que Jenifer y Jabín los acompañaran, temiendo que pudiera haber peligro dentro del edificio.
—Maestro, lo acompañaremos… —Feenix tomó la palabra.
Quería acompañar a Catina y seguir a Jaime al interior del edificio. En caso de peligro, estarían allí para ayudar.
—No hace falta. Quédense fuera. Si hay algún peligro real, podemos cooperar —le dijo Jaime a Feenix.
Al ver que Jaime no le permitía seguirlo, Feenix sólo pudo asentir.
Jaime eligió un edificio y entró directamente, mientras que Tiberio y Relio llevaron a los demás a buscar por otro edificio.
Los corazones de todos estaban llenos de una mezcla de ansiedad y emoción. Temían la presencia de trampas o matrices arcanas, pero la emoción de encontrar un tesoro les hacía seguir adelante.
Cuando Jaime entró en un edificio, fluctuaron ondas de energía celestial que hicieron temblar el mismísimo vacío.
Justo después, los ojos de Jaime se iluminaron. Ante él había una vasta extensión de diversas hierbas místicas y multitud de flores en plena floración, todas creciendo demasiado exuberantes.
—En efecto, había una matriz arcana dentro de este edificio. No entiendo en qué estaban pensando esos inmortales. Es tan redundante como quitarse los pantalones para tirarse un gas. —Jaime se quedó sin palabras, sin entender por qué los inmortales habían instalado una matriz tan grande, e incluso una matriz dentro de otra matriz—. ¿Para qué demonios era todo eso?
Justo cuando Jaime estaba perplejo, sintió de repente un movimiento extraño. A continuación, el huevo de bestia espiritual salió por sí solo.
El huevo de bestia espiritual era el único objeto que Jaime no tenía que manejar. Podía salir por sí solo del anillo de almacenamiento.
El huevo de bestia espiritual latía, emitiendo un tenue resplandor mientras absorbía la energía celestial.
Frey habló a Jaime en la mente de éste.
«Señor Casas, ¿por qué no cultivar una vez más en medio de esta densa energía celestial? De lo contrario, toda esta energía se desperdiciará…».
«Ciertamente, este lugar es muy superior a esa mina de mineral celestial…». Jaime contempló el ilimitado campo de hierbas místicas, lleno de profunda emoción.
Al sentir la abundante energía celestial, Jaime no pudo evitar sentarse con las piernas cruzadas, empezando a absorberla con fervor.
El huevo de bestia espiritual también estaba absorbiendo la energía celestial por su cuenta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)