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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3474

—¡Estoy bien, todo va bien! —tranquilizó Jaime.

—Jaime, ¿qué era esa Nube de Tribulación del trueno de hace un momento? Pensé que Pablo había entrado en el Último Reino. Pero no vi ningún cambio en él, y tú tampoco. ¿Exactamente qué pasó? —preguntó Catina con curiosidad.

Jaime sonrió y sacó el pequeño Devorador Celestial.

—Mira, salió del huevo de la bestia —explicó Jaime.

—Vaya, qué criaturita tan linda. ¿Es un unicornio? —exclamó Catina, alargando la mano para tocarlo.

¡Roar!

En cuanto Catina extendió la mano, ¡el Devorador Celestial soltó un rugido!

Catina se sorprendió y retrocedió rápidamente asustada. No esperaba que un unicornio tan adorable fuera tan feroz.

—Reina Zorro, esto no es un unicornio. Es un Devorador Celestial. Su temperamento es salvaje, así que será mejor que no lo provoques —advirtió Feenix a Catina.

Feenix, al tener más experiencia, podía distinguir con facilidad entre un unicornio y un Devorador Celestial.

—¿Devorador Celestial? —Catina se sorprendió y rápidamente dio un paso atrás.

Tiberio, Jenifer y los demás miraron con curiosidad el Devorador Celestial en manos de Jaime. Sin embargo, no entendían lo que era un Devorador Celestial ni lo formidable que podía llegar a ser.

Jaime guardó el Devorador Celestial. Aún no conocía su temperamento y no quería que hiciera daño a nadie.

—Bien, dejemos este lugar lo antes posible.

Jaime temía que Pablo volviera, así que pensó en marcharse lo antes posible.

Todos asintieron y siguieron a Jaime mientras se marchaban rápidamente.

Tras salir de la montaña, Tiberio dio un paso adelante y dio las gracias a Jaime:

—Señor Casas, muchas gracias. Sin usted, nuestra familia no habría obtenido los hechizos de encantamiento de la Secta Ira del Cielo. Planeamos abandonar este Campo de Batalla Celestial. Obtener los hechizos de encantamiento de la Secta Ira del Cielo es la mayor fortuna para nuestra familia Salvatella…

Jaime caminó con Feenix y Catina a través del denso bosque, utilizando al mismo tiempo su sentido espiritual para entrar en su campo de conciencia y poder profundizar en el estudio de la Zancada Ardiente.

Ahora, tenía que confiar en su propia investigación, ya que el temperamental Señor del Espíritu de Fuego se había marchado de golpe sin explicar nada.

Jaime caminaba distraído, contemplando lo esencial de la Zancada Ardiente.

Algún tiempo después, Feenix gritó de repente:

—¡Maestro, mire!

Jaime salió aprisa de su campo de conciencia. De inmediato, vio la tierra desgarrada frente a él, árboles derribados y una cantidad considerable de corrientes caóticas esparcidas. Estaba claro que acababa de producirse una batalla.

Varios cuerpos irreconocibles yacían en el suelo, ofreciendo un espectáculo demasiado horripilante para la vista.

—Todos quieren obtener objetos mágicos, pero ¿cuántos pueden abandonar con seguridad este Campo de Batalla Celestial? —Catina suspiró.

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