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El despertar del Dragón romance Capítulo 380

«¡Pau! ¡Pau! ¡Pau!».

Se escucharon unos ruidos fuertes mientras la ropa de Wilfredo se hacía pedazos y salía volando por todas partes. La sangre salió rociada de todas las articulaciones de su cuerpo como si hubieran sido disparadas por balas.

Cuando Jaime le soltó la mano, Wilfredo se desplomó en el suelo sobre un charco de sangre.

—¡Ahhhh! —gritó por el dolor agonizante con una mirada contorsionada en su rostro.

—¡Wilfredo!

Ezequiel corrió hacia adelante y sostuvo el cuerpo de su hijo en sus brazos.

La sangre seguía saliendo de la boca de Wilfredo mientras murmuraba de manera débil:

—Papá... Me duele... Duele mucho...

—¡Deja de hablar, Wilfredo! ¡Voy a salvarte ahora mismo! Te pondrás bien.

Ezequiel transfirió con rapidez su energía interna al cuerpo de Wilfredo, pero fue inútil. Por fin, Wilfredo cerró los ojos y dejó de respirar.

—¡Wilfredo! ¡Wilfredo!

Ezequiel seguía gritando su nombre, pero Wilfredo ya no podía oírle.

La multitud guardó un silencio sepulcral por la conmoción de ver a Jaime matar a Wilfredo.

—¿Cómo te atreves a matar a mi hijo? ¡Te haré pedazos! Mataré a todos los miembros de tu familia. —Ezequiel rugió a todo pulmón mientras encendía su energía interna.

—El destino es lo que decide si uno vive o muere en la arena. Si nos guiamos por tu lógica, ¿no debería la familia de Bernardo ir por ti para vengarse? Al fin y al cabo, lo dejaste lisiado —replicó Jaime con sorna.

—¡Me importan un bledo! Solo te quiero muerto.

Ezequiel mantuvo su mirada fija en Jaime mientras un aura aterradora envolvía toda la arena, formando una barrera a su alrededor.

El aura era tan intensa que parte de ella se filtraba fuera de la barrera, y los que estaban cerca de la arena podían sentir su poder mientras observaban con miedo.

Uno solo podía imaginar lo aterrador que debía ser el poder de Ezequiel si su aura era tan fuerte como para afectar a los que estaban fuera de la arena.

—¡Golpe del Tigre!

Se formaron ondas en el aire cuando la energía marcial del puño de Ezequiel tomó la forma de un tigre feroz.

Con un rugido ensordecedor, el tigre se abalanzó directo hacia Jaime con la quijada lo bastante abierta como para tragárselo entero.

—¡Jaime! —Josefina gritó asustada.

Fénix y Tomás sudaban a mares con los puños bien cerrados.

—¡No creo que Jaime sea capaz de esquivar este golpe!

—¡Está muy claro que está petrificado por la gran potencia que hay detrás!

—Es una pena que un joven talento como él acabe ofendiendo a la Familia Jaramillo...

Todos en la multitud sacudieron la cabeza por lástima hacia Jaime.

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