—¡Entendido! —Chaak asintió.
Rápidamente, dentro de la niebla negra, el asalto de los espíritus malignos se intensificó.
Al ver la situación, Laureano no pudo evitar gritar:
—¡Escudo!
Presenciando el espectáculo, docenas de discípulos de las Cinco Grandes Sectas desataron a la vez su aura. Esto creó una barrera protectora a su alrededor, deteniendo temporalmente el ataque.
Todos tenían que recuperar el aliento. De lo contrario, iban a morir agotados.
Había numerosos discípulos heridos, y era crucial atender sus heridas a toda prisa.
Era una pena que, durante este viaje, Laureano no llevara bastantes píldoras. Era totalmente incapaz de tratar a sus discípulos heridos.
Todo lo que podían hacer era observar como algunos de los discípulos malheridos sucumbían lentamente a sus heridas, muriendo con una sensación de desgana.
—Secta Espíritu Letal, si salgo vivo hoy, ¡juro que los aniquilaré a todos! Despreciables cobardes, ¡siempre recurriendo a ataques furtivos! —Laureano rugió de frustración.
Siempre estaba preparado para una lucha de verdad, y no temía a esa gente de la Secta Espíritu Letal. Simplemente no esperaba que prepararan un Conjunto Arcano para una emboscada en la región polar.
Laureano había sido descuidado. No había anticipado que tantos miembros de la Secta Espíritu Letal regresarían allí.
—¡Hahaha! Laureano, puedes gritar todo lo que quieras, pero es inútil. ¡No vas a dejar este lugar hoy! Este Conjunto Arcano es la última baza de la Secta Espíritu Letal. ¡Deberías sentirte honrado de que lo usemos contra ti ahora! Las Cinco Grandes Sectas nos han perseguido sin descanso durante años, nunca dispuestas a dejar en paz a la Secta Espíritu Letal. Hoy es un buen día para acabar con todo eso —Iván rio con desdén, con su conjunto arcano protector frente a él agitándose constantemente. Los espeluznantes lamentos que resonaban eran suficientes para que la cordura de uno se tambalease al borde del colapso.
La niebla negra surgió con más intensidad, y el escudo que formaban Laureano y su equipo estaba a punto de derrumbarse.
Para entonces, ya no les quedaba nada en lo que confiar.
—¿Será que los cielos pretenden destruir nuestra secta? Nos hemos mantenido fieles a nuestras intenciones originales, matando demonios y desterrando males. ¿Por qué tenemos que acabar en semejante aprieto? —gritó Laureano.

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