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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3893

Nieve pasaba casi todas las noches en vela desde que Jaime abandonó el Palacio Lunar.

Las represalias de la familia Marsal eran impredecibles, y Nieve no dejaba de preocuparse.

Aunque en repetidas ocasiones afirmó no temer las represalias de la familia Marsal, en el fondo seguía preocupada.

Al haber alcanzado el Último Reino, Nieve no temía a la familia Marsal. En el peor de los casos, podría simplemente huir para salvarse.

Sin embargo, su preocupación era que el Palacio Lunar, que había construido con tanto esfuerzo, se enfrentara al desastre.

Para empezar, las discípulas del Palacio Lunar no eran especialmente fuertes, y la expedición a la región polar había tenido como consecuencia la pérdida de numerosas doncellas sagradas y discípulos del círculo exterior.

Ahora, aparte de la propia Nieve, la fuerza del Palacio Lunar tal vez no estaba ni a la altura de una secta de segunda categoría.

«Si la familia Marsal buscara venganza, ¿cómo podríamos detener el ataque? ¿Y qué hay de la mina de piedra polar? Después de todo lo que nos costó encontrarla, ¿se la vamos a entregar a la familia Marsal?».

Nieve miró por la ventana, con los ojos llenos de preocupación.

—¿Está el Palacio Lunar destinado a ser arrasado? ¿Es que nunca podremos alzarnos con gloria? —murmuró Nieve para sí misma.

En ese momento, Blanca entró y preguntó:

—Señorita Nieve, ¿aún no ha descansado?

—¿Está todo preparado? —preguntó Nieve.

—¡Sí! También he colocado varios Conjuntos Arcanos en la puerta principal. Ahora, ¡el Palacio Lunar es tan seguro como una fortaleza! ¡Nadie puede entrar! —declaró Blanca con suma confianza.

Nieve se limitó a sacudir la cabeza con una sonrisa. Sólo ella sabía que esos Conjuntos Arcanos defensivos, ante el ataque de la familia Marsal, tal vez se desmoronarían con facilidad.

—Ve a descansar. Informa a todos los discípulos para que aprovechen el momento para entrenar. No tardaremos en tener que enfrentarnos a una feroz batalla —dijo Nieve.

Blanca asintió con la cabeza.

—¡Entendido!

Aunque Blanca no era consciente de lo que supondría la feroz batalla, podía sentir un peligro inminente que emanaba de Nieve.

Al mismo tiempo, las luces brillaban también en la residencia Marsal.

Norel aún no había aparecido, y todo estaba siendo gestionado por Terenzo.

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