Solo porque sus cuerpos físicos estaban destruidos o sus poderes dañados, no pudieron regresar al reino celestial. Todos fueron abandonados en el Reino Etéreo o sellados en el reino mundano.
En ese momento, Jaime se quedó perplejo.
«¿Podría ser que Infernus fuera también una persona del reino celestial? ¿Está Infernus a la altura del anciano Heilig? ¿Podría el anciano ser también del reino celestial? Esto corroboró en efecto lo que dijo el Señor Demonio Bermellón. ¡El Anciano debería ser del reino celestial!».
—Mortimer, ¿podría ser que el Maestro pertenezca al Reino Celestial? No parece en absoluto un cultivador del Reino Etéreo —preguntó Jaime a Mortimer.
Mortimer vio que Jaime ya había refinado sus marcas divinas, marcando su estatus oficial como discípulo. Por lo tanto, decidió no guardar más secretos y dijo:
—En efecto, el Maestro procede del reino celestial, al igual que Infernus. Ambos están atrapados en el Reino Etéreo debido a la Batalla Celestial.
—¿Atrapado en el Reino Etéreo? —Jaime estaba algo desconcertado en ese momento, y no entendía qué significaba estar atrapado en el Reino Etéreo.
Jaime ignoraba que numerosos seres del reino celestial estaban atrapados en el Reino Etéreo. Todo el Reino Etéreo estaba atrapado por un Conjunto de Cielo y Tierra.
Mortimer sacudió la cabeza y contestó:
—No puedo revelar más. Si el Maestro desea informarte, lo hará él mismo.
—Mortimer, ¿puedo irme ya? Llevo aquí retenido bastantes días y todavía hay cosas que tengo que hacer. —Jaime seguía dándole vueltas al asunto de Carlo.
Después de ocuparse de los asuntos de Carlo, tenía que encontrar a Catina y Feenix. Después, tenía que ayudar a Feenix a derrocar a la familia Farah y recuperar Ciudad Imperial del Zorro.
—¿Irte? —Mortimer se quedó estupefacto. Luego se rio y dijo—: Jaime, lo piensas demasiado. Sólo quería decir que cuando domines las marcas divinas primordiales, podrás salir de esta cabaña. Sin embargo, si quieres abandonar este lugar, primero tendrás que aprender todas las marcas divinas. No puedes ser tan ingenuo como para pensar que las marcas divinas que te di son todo lo que hay, ¿cierto? Fueron sólo para ayudarte a cultivar e integrarte con las marcas divinas. Aún hay muchas marcas divinas en esta montaña, todas inscritas en diferentes lugares por el Maestro. Necesitas aprender todas estas marcas divinas mágicas, ¿sabes? Cada marca divina encierra su propio misterio. Cuanto más aprendas, mejor será para ti.
—Car*jo… —Al escuchar esas palabras, Jaime soltó al instante una maldición.
«¿Sólo podré salir de esta cabaña después de aprender todas las marcas divinas? ¡Me va a llevar una eternidad dominar todas estas marcas!».

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)