—Mortimer, ¿no hay otra forma de escapar de este lugar dejado de la mano de Dios aparte de este método? —preguntó Jaime frunciendo un poco el ceño.
—¡Claro que la hay! —exclamó Mortimer.
—¿Cómo es? Dímelo rápido. —Al escuchar que podía haber otra forma, Jaime preguntó con impaciencia, con el ánimo visiblemente levantado. Pero por supuesto, no quería quedarse atrapado allí. Nadie sabía cuántos años le llevaría dominar esas marcas divinas.
—Puedes ir y buscar la aprobación del Maestro. Si él está de acuerdo, podrás irte —dijo Mortimer.
Al escuchar esto, Jaime se desinfló como un balón ponchado.
—Además de cuando llegué, no he visto ni rastro de él estos últimos días. ¿Dónde está ahora? Mortimer, llévame a verlo…
—La verdad, no sé dónde está el Maestro —Mortimer sacudió la cabeza—. ¡Tal vez esté jugando ajedrez con Infernus!
—¿Jugando ajedrez? —preguntó Jaime, con la cara llena de confusión—. ¿No decías que Maestro e Infernus eran rivales? ¿Cómo es que están jugando al ajedrez juntos?
—¿Quién dijo que los adversarios no pueden jugar juntos al ajedrez? Sólo son competidores, no enemigos declarados. No hay rencor entre ellos. Sólo son dos prodigios de conjuntos arcanos que se envidian mutuamente, eso es todo —dijo Mortimer.
Al escuchar esto, Jaime se quedó sin habla. Sin embargo, no tuvo más remedio que aceptar su destino. Sin pronunciar otra palabra, comenzó en silencio a practicar sus marcas divinas.
Con indiferencia, Jaime tomó un dispositivo de documentación que contenía registros de marcas divinas. Después, empezó a inscribir, siguiendo las marcas divinas del dispositivo de documentación. Sin embargo, Jaime no tardó en asombrarse cuando descubrió que había poder de rayo en esas marcas divinas.
Estas marcas divinas se habían esparcido por varios lugares de la montaña. Sin embargo, Jaime ya dominaba sus propias marcas divinas primordiales. Por lo tanto, incluso sin que se lo dijeran, Jaime podía localizar las posiciones de las otras marcas divinas.
Eran las marcas divinas que inscribían el Conjunto Arcano, que desatarían el poder del rayo, golpeando a cualquiera que se atreviera a entrar en el Conjunto Arcano.
El corazón de Jaime comenzó a acelerarse de emoción.
Al principio, las marcas divinas inscritas no poseían ningún otro poder. Las marcas divinas más fundamentales, utilizadas para refinar sus marcas divinas primordiales, estaban fusionadas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)