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El despertar del Dragón romance Capítulo 441

—¿Dónde está ella? —Tristán se quedó estupefacto cuando Sonia se perdió de vista.

El rostro de Fernando se volvió sombrío cuando descubrió que Sonia no estaba a la vista.

—¡Maldita sea! ¿Alguien se nos adelantó?

—¡Dense prisa! ¡Persíganlos ahora! —Tristán saltó para perseguir a Sonia.

Fernando hizo un gesto a sus hombres y corrió detrás de Tristán también.

Mientras tanto, el viento silbaba contra los oídos de Sonia mientras Jaime se movía a una velocidad alucinante.

Este último al fin se detuvo cuando llegaron a un área aislada y la bajó.

Justo en ese instante, aprovechó la oportunidad para morderlo con fuerza en el brazo. Agarrando el dije de jade en sus manos, lo miró con ansiedad escrita en todo su rostro.

Jaime miró la profunda mordedura en su brazo y frunció el ceño.

—Te salvé la vida. ¿Cómo pudiste morderme?

—¡No! ¡Nunca pienses que puedes dejarme en ridículo! Sé que has estado apuntando a mi dije de jade. Es la reliquia de los Yáñez. ¡Prefiero destruirlo que dejar que caiga en tus manos! —Sonia espetó con frialdad, mirándolo con los ojos.

Sin lugar a duda, Jaime los persiguió por el dije de jade de Sonia. Sin embargo, nunca tuvo la intención de arrebatárselo. Ahora que ella lo malinterpretó, él no pudo resistir la tentación de burlarse.

—¡Argh! ¡Que ridículo! Parece que tratas este dije de jade como un tesoro invaluable, ¿no es así? —Al momento siguiente, se dio la vuelta y se fue, sin prestarle atención.

Al mirar su figura que se alejaba, Sonia se quedó estupefacta y se quedó clavada en el lugar.

Cuando por fin recobró el sentido después de bastante tiempo, Jaime ya estaba lejos de ella. Ella apretó los dientes y aceleró el paso para alcanzarlo.

Jaime le lanzó una mirada y resopló.

—¿Por qué estás detrás de mí?

—L… lo siento... ¡Parece que te entendí mal! —Sonia tartamudeó con timidez.

—No tienes que disculparte conmigo. ¡Ahora que estás sana y salva, puedes dejar de seguirme! —Jaime le espetó sin disminuir la velocidad.

Momentos después, se detuvieron frente a una casa en mejores condiciones y entraron. Bajo la tenue luz de una vela encendida, un hombre de mediana edad con rostro ceniciento yacía con debilidad en la cama.

Jaime frunció el ceño al ver su patético estado. Tenía el presentimiento de que el hombre estaba gravemente herido y no viviría mucho tiempo.

El hombre reunió su fuerza para abrir los ojos al escuchar sus pasos. Cuando vio a Sonia, separó los labios para decir algo. Sin embargo, la sangre brotó de su boca en un instante.

—¡Padre! —Sonia gritó preocupada y corrió hacia Marcos, el hombre de mediana edad.

Después de limpiar la mancha de sangre de su rostro, sacó unas pastillas negras y estuvo a punto de dejar que se las tragara.

No obstante, Jaime extendió su mano para detenerla de inmediato. Después de oler las pastillas, le dijo de manera solemne:

—Aparentemente, tu papá sufrió una lesión interna. Por lo tanto, no debe tomar este medicamento de alta intensidad. Aunque ayuda a estabilizar su condición de manera temporal, agravará las lesiones internas a medida que pase el tiempo.

Sorprendida, Sonia le preguntó vacilante:

—¿Sabes cómo tratar su condición médica?

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