—¡Por supuesto! ¿Por qué te mentiría? ¡No permitiré que nadie intimide a los Contreras de esta forma! —Servando mostró una leve sonrisa.
—¡Ja, ja, ja! ¡Perfecto! Si el Tío Lobo va conmigo, él puede matar a ese tipo. Entonces, yo tendré a Isabel para mi placer. —Fernando dejó escapar una animada risa.
…
Jaime y Josefina regresaron a Cuenca Veraniega en Jazona. Sin embargo, él no se fue directo hacia el Monte Jicoria. Primero necesitaba resolver el problema del Palacio Herbal.
Mientras tanto, Tomás estaba entrenando sin parar. Después de ingerir las pastillas energizantes, que Jaime le dio, él sintió que su fuerza estaba evolucionando de forma gradual.
—Han pasado tres días, y no hay noticias del Palacio Herbal. ¡Parece que es hora de que les hagamos una visita! —murmuró Jaime para sí mismo.
Justo en ese momento, Fénix apareció.
—Señor Casas, ¡el Palacio Herbal envió a alguien, y lo invita a ir allí!
Jaime sonrió al escuchar eso.
—Estaba pensando en ir, ¡y ellos enviaron a sus hombres!
—Señor Casas, ¿debo llevar más hombres con nosotros? —le preguntó Fénix en voz baja.
—Sí, debemos. Habrá muchas hierbas. ¡Necesitamos suficiente mano de obra para cargarlas! —Jaime mostró una sonrisa.
Muy pronto, Fénix estaba conduciendo para llevar a Jaime al Palacio Herbal. Algunas camionetas, usadas para cargar las hierbas, los seguían detrás.
—Señor Casas, ¿está usted seguro de que el Palacio Herbal le entregará sus hierbas?
En el camino, Fénix no pudo evitar preguntarse.
«Dudo mucho, que él me trate con respeto, solo porque maté a algunos Grandes Maestros. Parece poco probable que los Benítez cedan con tanta facilidad».
—Señor Casas, he hablado con los Benítez. El Abuelo dice que usted es un genio. Usted utilizará las hierbas por completo. Por eso, estamos dispuestos a darle todas las hierbas del Palacio Herbal. Y, de ahora en adelante, continuaremos suministrándole hierbas a usted —expresó Tristán.
Jaime frunció con sutileza el ceño al escuchar eso. Él se acercó a Tristán para verlo mejor y no pudo averiguar lo que pensaba. Él esperaba que el mejor resultado fuera que el Palacio de Hierbas estuviera dispuesto a darle todas las hierbas a él. Sin embargo, incluso estaban proponiéndole continuar suministrándole las hierbas en el futuro.
«No obstante, ¿no es lo que quería?».
Aun así, Jaime no pudo estar más feliz por esto. Él sabía que los Benítez nunca negociaban con pérdidas.
«¡Deben estar tramando algo más!».
—Dilo. ¿Qué términos quieren los Benítez? ¡No creo que sean tan generosos! —preguntó Jaime.

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